APUNTE.COM.DO.- Louise Brown recuerda que era igual a todas las demás. En cierto modo, lo era: una bebé sana como cualquier otra. Pero había una diferencia que la volvió única: fue la primera persona en el mundo en nacer mediante fertilización in vitro (FIV), una técnica que en 1978 aún era experimental y que transformó para siempre la manera de entender la reproducción asistida.

Casi cinco décadas después de su nacimiento, Louise, conocida como la “bebé de probeta”, se convirtió en embajadora de la FIV. Cuando nació, el tratamiento despertaba dudas incluso entre profesionales de la medicina, pero su caso demostró que era posible lograr un embarazo fuera del cuerpo de la mujer, formar un embrión en el laboratorio y luego transferirlo al útero.

Desde entonces, la medicina reproductiva experimentó una transformación profunda y con el tiempo se volvió una herramienta cada vez más utilizada para ayudar a formar familias. Se calcula que más de 13 millones de bebés nacieron en el mundo mediante técnicas de reproducción asistida. No obstante, hoy los avances científicos conviven con nuevos obstáculos: el acceso y los costos de los procedimientos pueden definir qué alternativas están al alcance de cada paciente.

“Mis padres se casaron y pasaron 10 años intentando tener un bebé, pero no ocurría nada”, relata Louise, quien participó como invitada especial del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, realizado del 16 al 18 de septiembre en Buenos Aires.

A 320 kilómetros de su casa, en Oldham, Inglaterra, los investigadores Robert Edwards, Patrick Steptoe y Jean Purdy trabajaban en un tratamiento que hasta ese momento nunca había culminado en un nacimiento. “A mi mamá le dijeron que era solamente un ensayo, pero uno escucha lo que quiere escuchar. Ella confiaba en que Patrick la iba a ayudar”, cuenta Louise, que nació el 25 de julio de 1978.

“El nacimiento de Louise se produce a partir de un ciclo menstrual natural. Esto significa que los investigadores vieron desarrollarse el folículo ovárico y extrajeron el óvulo”, explica el doctor Gabriel Fiszbajn, especialista en medicina reproductiva. En aquella época, el procedimiento consistía en extraer un óvulo, fecundarlo fuera del cuerpo y después transferir el embrión al útero de la mujer, algo que no podía suceder de forma natural en esos casos.

Según Fiszbajn, en ese momento el contexto social no favorecía estas investigaciones: “Había sociedades médicas y profesionales que no los aceptaban porque consideraban que hacían experimentación humana”. Aun así, los investigadores siguieron adelante hasta lograr el nacimiento de Louise. En 2010, Robert Edwards recibió el Premio Nobel de Medicina por sus contribuciones al desarrollo de la FIV.

El caso tuvo una enorme repercusión internacional y representó un antes y un después en la medicina reproductiva. “Afuera del hospital había una especie de histeria colectiva. Y cuando llegamos a mi ciudad, Bristol, también había periodistas afuera”, rememora Louise, quien creció bajo una inusual atención mediática. “Después de un par de días todo se calmó. Y cuando mi mamá pudo salir, me llevó a una pequeña panadería del barrio. Le dijeron: ‘Ah, ella es la bebé de probeta, ¿no?’. Y mi mamá respondió que sí. La mujer miró dentro del cochecito y dijo: ‘Es normal’. Y mi mamá le respondió: ‘¿Qué esperaba, dos cabezas?’ Yo era igual a todos los demás”, relata.Louise Brown en el Museo de Ciencias de Londres, en otra imagen del 23 de julio de 2018.Cecilia DomínguezLa tasa de fertilidad de Estados Unidos en 2025 fue casi un 20 % inferior a la de hace dos décadas, según muestran datos federales.La expresión