APUNTE.COM.DO.- El actor y activista ambiental Leonardo DiCaprio compró en 2005, junto con el empresario Jeff Gram, Blackadore Caye, una isla de unas 42 hectáreas situada frente a las costas de Belice. La adquisición, valorada en US$1.75 millones, surgió después de que DiCaprio visitara el país y conociera sus arrecifes.
La isla, sin población permanente, había sufrido la extracción de manglares y palmeras. La pérdida de vegetación debilitó las dunas y dejó sectores de la costa más expuestos a la erosión. Su ubicación también tiene relevancia ecológica: Belice alberga la segunda barrera de coral más grande del mundo.
En 2015, DiCaprio presentó el proyecto Blackadore Caye, a Restorative Island. La iniciativa proponía construir un complejo turístico de lujo y destinar parte del terreno a la conservación y restauración de los ecosistemas.
Entre las medidas anunciadas figuraban replantar manglares nativos, recuperar zonas degradadas y proteger especies marinas, incluidos peces y manatíes. El diseño también contemplaba villas elevadas, espacios para investigación, energía renovable y sistemas de tratamiento de agua. Cerca del 45 % de la superficie se reservaría para conservación, según la propuesta difundida.
El proyecto, sin embargo, generó cuestionamientos de científicos, activistas y representantes del turismo local. Algunos advirtieron que las construcciones, el dragado y el aumento de embarcaciones podían perjudicar los hábitats marinos y la pesca. Los promotores defendieron que el desarrollo incorporaría medidas para reducir su impacto ambiental.
La apertura, prevista inicialmente para 2018, fue pospuesta y luego se mencionaron nuevas fechas que tampoco se cumplieron. La información disponible señala que el futuro del complejo sigue condicionado a la financiación, los permisos y la ejecución de las obras.
Comentario de Ramiro Estrella
La historia de Blackadore Caye plantea una pregunta necesaria: ¿puede una inversión turística contribuir de verdad a restaurar la naturaleza? La respuesta no depende solo de los planes anunciados, sino de resultados verificables, transparencia y participación de las comunidades vinculadas al entorno.
Proteger manglares, arrecifes y especies marinas es una tarea valiosa. Pero cualquier proyecto que se presente como ecológico debe demostrar que sus obras no provocan daños mayores que los beneficios que promete. La conservación exige compromisos medibles y vigilancia pública.
Ramiro Estrella
Periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do
Imagen: render del proyecto propuesto para Blackadore Caye, publicado por The San Pedro Sun. Información: Infobae.