APUNTE.COM.DO.- En Cuba, la vida cotidiana se ha vuelto una lucha constante marcada por noches sofocantes, escasez de agua y electricidad, combustible agotado y viviendas deterioradas. El transporte público es limitado y la señal de telefonía celular es débil. Esta situación está llevando al límite a muchos de los casi 10 millones de habitantes de la isla, sin alivio a la vista mientras persiste el embargo energético de Estados Unidos y se agravan problemas económicos y financieros de larga data.

La doctora Yomeidis Felicó Riverón, médico de atención primaria, ha tenido que asumir un papel adicional como psicóloga ante la desesperación de sus pacientes. "Antes había esperanza", comentó. "Ahora mismo, las personas lo que han perdido es exactamente eso". Felicó Riverón señaló que sus pacientes acuden a ella para desahogar sus penas porque no tienen con quién más hacerlo. "Nos toca un poco ser psicólogos", afirmó.

En una tarde soleada, seis niñas y un niño se reunieron alrededor de una mesa en un taller gratuito para hacer bolsas de regalo y perfume, mientras sus padres intentaban mitigar el calor con abanicos improvisados. Este taller ofreció a los niños un breve respiro de la dura realidad cubana. Felicó Riverón confesó que nunca le dice a su hijo cuando no hay dinero para comprar algo que él quiere, y en su lugar lo distrae con actividades como ir al parque. "Mi hijo no sabe si hay comida o si no hay comida", expresó.

Dianne Tamayo, una de las madres presentes, encontró en el taller un oasis para ella y su hija. Tamayo socializó y por un momento olvidó las dificultades que le esperaban en casa. "Mi esposo es mi muro de contención", dijo. "Cuando me estoy volviendo loca, mi esposo me dice 'Siéntate, respira… pongamos música'". A veces, él le recuerda que su hija está por regresar de la escuela y que deben guardarse sus problemas, ansiedades y frustraciones. "Yo trato de hacer lo mejor que puedo con las herramientas que tengo, pero no, llega un momento que me supera", reconoció entre lágrimas. Tamayo expresó que no tiene nada que la relaje y que nunca se ha preguntado cómo liberar lo que siente sobre la vida en Cuba. "Nos están exterminando", dijo. "Y seguimos conformes".

Armando García, un jubilado de 85 años, almuerza en su casa en La Habana y resume el sentir de muchos: "Nos están dejando a nuestra suerte".

Las crisis en Cuba se intensificaron después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara a finales de enero que impondría aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a la nación caribeña. Las sanciones estadounidenses, vigentes desde hace mucho tiempo, también han pasado factura, según el gobierno cubano. Entre marzo de 2025 y finales de febrero, "la política de estrangulamiento económico de Estados Unidos" ascendió a más de 8.000 millones de dólares, "una cifra récord", de acuerdo con el canciller cubano, Bruno Rodríguez.

Los apagones en toda la isla han aumentado este año, y las interrupciones diarias del servicio superan ahora las 24 horas. Como resultado, el agua suele escasear y han estallado pequeñas protestas, pese al temor a ser detenidos, a medida que se acumulan la ira y la frustración.

La situación se ha deteriorado hasta el punto de que la embajada de Estados Unidos emitió recientemente dos alertas de salud pública. El 28 de agosto, la embajada señaló que "la infraestructura de suministro de agua de Cuba es cada vez más inestable" y que hay "barrios residenciales que experimentan largos periodos sin agua de fuentes municipales o públicas". El viernes, la legación diplomática advirtió sobre un aumento de enfermedades gastrointestinales vinculadas a la "degradación de la infraestructura de agua y energía (…) Los casos recientes han incluido E. coli, norovirus, Shigella y otros patógenos gastrointestinales".

La escasez de agua y electricidad persiste, pero Oscar Joaquín López, un habanero de 81 años, dijo que no se obsesiona con lo que le falta. "¿Por qué?", planteó. "Porque te vuelves loco, y a mí loco no me va a volver nadie". En una tarde reciente, se apoyó en el marco de la puerta de su casa mientras observaba a su compañero de vivienda, de 58 años, llenar casi una docena de recipientes de plástico con agua que salía de una tubería en la calle. Llevaban varios días sin agua, así que actuaron rápido.

Con temperaturas que se mantienen por encima de los 32º Celsius (90º Fahrenheit), López contó que se sienta en el marco de la puerta hasta la medianoche para atrapar una brisa del océano cercano, con una tubería de acero a su lado para ahuyentar a cualquier intruso. Después de la medianoche, se va a la cama, con la esperanza de que la tablilla de madera que encajó en su ventana atrape algo de viento, por leve que sea.

Cerca de allí, el albañil José Laó Faviel, de 62 años, hurgaba entre la basura desbordada en la calle, buscando comida para alimentar a su cerda y a sus 10 lechones, porque no tenía nada que darles. "¿Qué uno va a hacer?", dijo. "Estamos en momentos difíciles". Minutos después, otro hombre revisó el mismo montón de basura. Tras abrir varias bolsas, encontró algo para comer.