APUNTE.COM.DO.- JAN YUNIS.- La profesora gazatí Sahar Abu Shibika impartía una clase de ciencias en una tienda de campaña en Jan Yunis cuando una supuesta bala perdida israelí le impactó. «Sentí un dolor agudo y oí un ruido, así que intenté proteger a los alumnos», declaró a EFE desde una cama de hospital. Sus estudiantes, al verla cubierta de sangre, entraron en pánico.

El suceso se produjo el 30 de septiembre en el aula improvisada de la escuela Ashraqat Al Amal («rayo de esperanza», en árabe). Horas después, los alumnos observaban el agujero que dejó el proyectil al atravesar la lona de la tienda.

«No sé de dónde salió, si de las torres de vigilancia o de las grúas, por Dios. No lo sé con claridad, pero la distancia es muy grande (…) ¿cómo es posible que haya llegado?», se preguntó la maestra. La escuela Ashraqat al Amal se encuentra a unos cuatro kilómetros de la línea amarilla, detrás de la cual se concentran las tropas israelíes, lo que hace casi imposible que la bala llegara desde allí.

«Era como el sonido de los fuegos artificiales», recordó la directora de la escuela, Imán al Jajbir, al describir el ruido que se escuchó en el momento del disparo.

Muchos en la escuela sostienen que el tiro provino de una «grúa» del Ejército israelí. La población gazatí y su Gobierno han señalado en los últimos meses que estas estructuras disparan a distancia en el enclave, causando heridos en situaciones similares a la de la profesora.

No obstante, consultado por EFE sobre incidentes previos similares, el Ejército de Israel negó el uso de estas estructuras y, en especial, que estén operadas con inteligencia artificial como afirman algunos gazatíes.

«Estaba dando clase cuando recibió el impacto de una bala perdida de una torre de control», explicó una de las alumnas, Karam, de nueve años, quien asegura que la grúa es visible desde la escuela.

Alaa, otro alumno, rememoró cómo su maestra se cubrió con una hoja de papel la pierna tras recibir el disparo y sangrar. «Cogí la mochila y mi libro y eché a correr. Pensé en los judíos (israelíes), corrí, corrí, y grité: ‘¡Papá!’. Él me dijo: ‘No tengas miedo, ven, ven, el disparo sólo ha sido una bala perdida’».

El 93 % de los edificios escolares en Gaza necesita una reparación total o parcial de sus instalaciones para poder funcionar tras haber sido destruidos por la ofensiva israelí, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

A ello se suma el uso de los edificios en ruinas de muchas escuelas como refugios para los desplazados en el enclave, que constituyen casi la totalidad de la población, lo que obliga a alumnos y maestros a afrontar el curso en escuelas improvisadas en tiendas de campaña.

Según el Centro Palestino para los Derechos Humanos, más de 830 profesores han perdido la vida hasta julio de 2026 en ataques israelíes contra la Franja, así como 20.051 estudiantes.

«Cientos de miles de estudiantes han sufrido una interrupción prolongada de su educación por el desplazamiento, la hambruna, los bombardeos, la pérdida de familiares, la destrucción de sus hogares, la falta de electricidad y acceso a internet y el colapso de los servicios esenciales», denuncia un informe del Centro publicado este septiembre.

La bala que hirió a la maestra Abu Shibika quedó alojada en la pelvis, de donde los médicos le aseguran que retirarla es peligroso.

«Pido al Ministerio de Sanidad que se ocupe y me envíen al extranjero para que me traten», lamentó. Madre de cinco hijos, asegura que necesita atención médica fuera de Gaza para poder volver a su vida normal y hacerse cargo de ellos.

«Tengo gemelos de cuatro años, un niño y una niña, que me necesitan, necesitan mi cuidado. No tengo a nadie que me ayude ni que me atienda», aseguró.