APUNTE.COM.DO.- Ucrania mantiene su estrategia de atacar infraestructuras petroleras en el interior de Rusia, aun cuando Washington ha expresado su rechazo a estas acciones, como respuesta a los daños que los ataques rusos provocan en infraestructuras civiles ucranianas en un conflicto de desgaste que se intensifica.

Después de una pausa breve a finales de septiembre, las fuerzas ucranianas han vuelto a golpear refinerías rusas en los últimos días. Entre los blancos más recientes figura la refinería de Volgogrado, en el suroeste de Rusia, pese a que el presidente estadounidense, Donald Trump, insiste en que estos ataques están empujando al alza los precios internacionales del combustible.

«Es difícil encontrar el equilibrio entre lo que Ucrania debería y debe hacer y, al mismo tiempo, no enfadar a Trump», declaró a EFE Oleksí Melnik, exasesor del ministro de Defensa y experto en seguridad internacional del Centro Razumkov.

Según Melnik, la infraestructura petrolera y gasística continúa siendo un objetivo prioritario para Ucrania porque representa la principal fuente de financiación del presupuesto ruso. «Esto es lo que determina la duración de la guerra», afirmó.

Los analistas ucranianos argumentan que los ataques contra refinerías rusas tienen un efecto acotado sobre los precios mundiales o sobre los precios en Estados Unidos, donde el costo del combustible es un factor determinante para las aspiraciones electorales del partido de Trump en los comicios de mitad de legislatura de noviembre.

No obstante, Kiev no puede desentenderse por completo de las exigentes demandas de Trump, ya que depende de los suministros estadounidenses de misiles antibalísticos, indicó Melnik.

Paralelamente, la reducción del respaldo militar y financiero de su socio estadounidense, que antes era fundamental, otorga a Kiev cierto margen de maniobra para buscar la mejor estrategia ante los ataques cada vez más intensos de Rusia contra la infraestructura civil.

Una declaración del presidente ruso, Vladímir Putin, formulada el viernes, en la que sostuvo que fueron las sanciones internacionales, y no los ataques ucranianos, las que llevaron a Rusia a extender su prohibición de exportar gasóleo, podría contribuir involuntariamente a que Ucrania alivie la presión de Trump, señaló Melnik.

Funcionarios del Gobierno ucraniano y analistas calculan que entre un cuarto y un tercio de la capacidad de refinado de Rusia ha quedado fuera de servicio a causa de los ataques ucranianos de largo alcance, mientras que las reparaciones se retrasan por el acceso limitado a equipos occidentales utilizados en esas instalaciones.

Las filas también han reaparecido en las gasolineras de la capital rusa tras las recientes elecciones parlamentarias.

«Las colas en las gasolineras de todas las regiones de Rusia, incluidas Moscú y San Petersburgo, son la mejor respuesta a la pregunta de si los ataques ucranianos han surtido efecto», sostuvo Melnik.

La situación podría haber sido más favorable para Ucrania si no fuera por el aumento de los precios mundiales del petróleo provocado por la guerra en la que está involucrado Irán, lo que ha dado a Putin ingresos suficientes para cubrir el costo de aproximadamente seis meses más de conflicto, apuntó.

Sin embargo, los ataques no solo disminuyen los ingresos presupuestarios de Rusia, sino que también llevan a cada vez más rusos a preguntarse seriamente si realmente se benefician de la continuación de la agresión.

Los datos oficiales sobre la capacidad de refinado y el suministro de combustible en Rusia son cada vez más escasos, lo que refleja lo delicado del asunto, según escribió el experto en energía Volodímir Omelchenko en un análisis para el Centro Razumkov.

Si Ucrania mantiene sus ataques al ritmo actual en las próximas semanas, la capacidad de refinado podría reducirse a unos 3,3 millones de barriles al día, de acuerdo con Omelchenko.

En caso de que la producción de gasóleo en Rusia cayera por debajo de los 2,5 o 3 millones de barriles diarios, el impacto podría resultar decisivo para la economía en su conjunto.

«Si se produce simultáneamente una escasez a gran escala de gasóleo y gasolina, la presión afectará al transporte, la industria, el sector agrícola, la logística y el presupuesto», escribió Omelchenko.

Para el experto, la intensificación de los ataques contra las refinerías rusas sigue siendo la mejor respuesta a los ataques cada vez más fuertes de Rusia contra la infraestructura energética y otros objetivos civiles, entre ellos puentes clave, instituciones educativas e instalaciones de comunicaciones.

La capacidad de Ucrania para dañar la industria petrolera rusa y socavar su base de recursos contribuirá a definir quién resulta vencedor en la «guerra energética», tanto como la capacidad ucraniana de restaurar sus propias instalaciones dañadas, argumentó.