APUNTE.COM.DO.- Durante meses, las autoridades ucranianas han advertido a la población que se prepare para el que podría ser el invierno más duro desde el inicio de la guerra. Rusia, según esas advertencias, emplearía armamento cada vez más potente para intentar paralizar la red eléctrica nacional. Se anticipaba que el primer gran ataque llegaría a finales del otoño, con la primera ola de frío.
Sin embargo, Rusia no esperó tanto. Antes del amanecer del miércoles, misiles y drones impactaron una gran central térmica y otras instalaciones energéticas, y sacudieron con explosiones la capital ucraniana, Kiev. Para la mañana, varios vecindarios carecían de electricidad y agua.
El ataque, según las autoridades ucranianas, marcó el inicio de una nueva campaña destinada a sumir a las ciudades ucranianas en el frío y la oscuridad, con el objetivo final de quebrar el ánimo de la población y paralizar el esfuerzo bélico. Rusia ha ejecutado campañas similares cada año con resultados variables, pero ahora se aproxima a este invierno con reservas de misiles balísticos y drones de propulsión a reacción que Ucrania ha tenido dificultades para interceptar.
La magnitud de la ambición rusa de congelar a los ucranianos hasta su sometimiento quedó en evidencia en un documento que el ministro de Energía de Ucrania, Denys Shmyhal, mostró a socios europeos en París hace dos semanas, según dos personas familiarizadas con la presentación.
Shmyhal, según esas fuentes, describió el documento como un plan ruso interceptado que busca provocar el colapso del sistema energético mediante ataques metódicos. El plan, del cual The New York Times obtuvo una copia, describe una campaña de ataques con hasta 1000 misiles, drones y bombas. Estos estarían dirigidos a una amplia gama de instalaciones, incluidas subestaciones eléctricas, centrales hidroeléctricas y térmicas, y salas de calderas.
Lo más alarmante, según el documento, es la intención rusa de forzar el cierre de las tres plantas nucleares operativas de Ucrania --la columna vertebral de su infraestructura eléctrica-- mediante el lanzamiento de misiles contra las subestaciones de distribución que las conectan a la red. Estas subestaciones se encuentran a menos de 1,6 kilómetros de los reactores.
El plan también contempla que Moscú ataque el sistema de agua de Ucrania, incluidas estaciones de bombeo e instalaciones de tratamiento de aguas residuales, con decenas de misiles balísticos y bombas planeadoras. Rusia nunca antes había atacado este tipo de sitios a gran escala. Funcionarios ucranianos han manifestado en privado su preocupación de que el país tenga planes de contingencia limitados ante interrupciones graves del servicio de agua.
El objetivo final es dejar a las principales ciudades ucranianas sin electricidad, calefacción y agua, lo que podría desencadenar una crisis humanitaria. Kiev, Járkov y Odesa figuran como los objetivos principales, y existen planes para reducir el suministro de electricidad en esas ciudades en un 90 por ciento, disminuir la calefacción hasta en un 90 por ciento y alterar gravemente el sistema de alcantarillado.
The New York Times no pudo autenticar el documento de manera independiente. Está fechado en agosto y escrito en ruso. No obstante, el presidente de Rusia, Vladimir V. Putin, ha declarado públicamente que sus fuerzas llevarán a cabo una extensa campaña este invierno para destruir la infraestructura energética de Ucrania, y la ha presentado como represalia por los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo rusas.
Shmyhal se refirió de manera vaga al documento ante los medios ucranianos hace una semana, y afirmó: “Nuestros socios, al igual que nosotros, quedaron impactados por su cinismo, por este cálculo frío y terrorista de cómo destruir nuestro sector energético”.
Aún está por verse si Rusia ejecutará la estrategia expuesta en el documento y si tendrá éxito al hacerlo.
Ucrania ha dedicado los últimos meses a prepararse para el invierno, construyendo estructuras protectoras sobre instalaciones críticas, como las subestaciones que transportan electricidad por todo el país. Los civiles, la mayoría de los cuales soportaron graves cortes de electricidad y calefacción el invierno pasado, se han abastecido de baterías y pequeños calentadores a gas.
Las autoridades ucranianas han gastado cientos de millones de dólares para reparar centrales eléctricas y subestaciones, así como para establecer instalaciones energéticas más pequeñas, como turbinas a gas, que son más difíciles de atacar. Ucrania también ha invertido en fortalecer la red para soportar la demanda del clima frío y redirigir la energía cuando los ataques dejan fuera de servicio las líneas de transmisión.
Los expertos en energía advierten que estas medidas pueden, en el mejor de los casos, amortiguar el golpe esperado, pero no detenerlo. Olena Pavlenko, directora de DiXi Group, un grupo de expertos en energía ucraniano, señaló que cuatro inviernos de guerra han dejado la red eléctrica del país tan debilitada que superar otro sería como “correr un maratón con un solo pulmón”.
Los recuerdos del invierno pasado, por mucho el más duro de la guerra hasta ahora, en parte debido a las temperaturas particularmente gélidas, siguen muy presentes para los ucranianos y explican su temor ante otra campaña de ataques rusos.
Dado que Rusia atacaba repetidamente las plantas de electricidad y calefacción, los residentes de Kiev solían soportar doce horas o más sin electricidad cada día, según datos compartidos por DTEK, la empresa energética privada más grande del país y distribuidora de electricidad de la capital.
Olha Skorokhod, vecina del centro de Kiev, dijo que se quedó sin calefacción durante dos semanas en enero pasado cuando las temperaturas exteriores cayeron.