APUNTE.COM.DO.- El resultado de los comicios presidenciales en Brasil terminará de definir el mapa político de América Latina. El país sudamericano aparece como la última ficha de la "marea azul" alentada por Donald Trump y, a la vez, como la tabla de salvación de un progresismo que pierde terreno en la región.
Los dos aspirantes con más opciones para la jornada electoral del próximo domingo 4 de octubre encarnan rutas distintas: el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que a sus 80 años busca un cuarto mandato, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro.
Se trata de una campaña muy polarizada y de gran peso geopolítico, en un momento de ascenso de la derecha radical no solo en América, sino también en Europa y en países asiáticos como Japón.
En ese marco, según los expertos consultados, Brasil no había vivido en su historia reciente intentos tan claros de injerencia externa durante un proceso electoral.
Lula lo advirtió en la Asamblea General de Naciones Unidas: "La democracia está nuevamente en jaque. Volvemos a presenciar la injerencia externa en procesos electorales (de Latinoamérica)".
Estados Unidos y Argentina han estado al frente de esos intentos de interferencia, con acciones dirigidas a "desestabilizar" al Gobierno de Lula, sostiene Marília Pimenta, doctora en Relaciones Internacionales y profesora de la Universidad Estatal Paulista Júlio de Mesquita Filho (Unesp).
En julio, el presidente argentino, Javier Milei, se desplazó a São Paulo para respaldar públicamente a Flávio Bolsonaro y para insultar a Lula, al que calificó de "ladrón" y "presidiario".
Como respuesta, Brasil redujo el nivel de su relación con su gran socio sudamericano. La crisis sigue sin resolverse.
Los aranceles del 25 % y del 12,5 % decretados por la Administración Trump, con el argumento de supuestas prácticas "discriminatorias" y uso de trabajo forzoso, también son vistos como una manera de "desgastar" a Lula a las puertas de los comicios.
Igualmente, Estados Unidos intentó enviar una comitiva para verificar la idoneidad del proceso electoral brasileño y para visitar a Jair Bolsonaro, condenado por golpismo y en prisión domiciliaria.
Además, presionó al Ejecutivo para que concediera las credenciales a su nuevo embajador en el país. Lula anunció que solo lo analizaría después de las elecciones, y Trump respondió retirando el visado a la embajadora brasileña en Washington.
Al mismo tiempo, las negociaciones comerciales entre las dos mayores democracias de América continúan, con la previsión de un encuentro al margen de la cumbre ministerial de Comercio de los países del G20 que se celebrará esta semana en Milwaukee.
Como telón de fondo está el nuevo encaje de Latinoamérica con Estados Unidos. Lula siempre ha defendido una integración regional sin la presencia de la potencia norteamericana. Así lo hizo con la olvidada Unasur y, en su actual mandato, con el Consenso de Brasilia.
Pero en estos cuatro años Argentina, Bolivia, Colombia, Perú y Chile, entre otros, han cambiado de color, dando paso a una "marea azul" que hoy domina buena parte de los Gobiernos de la región.
Esos países y otros, como Ecuador, Paraguay, El Salvador y Honduras, todos gobernados por la derecha, se han sumado al llamado "Escudo de las Américas", una iniciativa impulsada por Trump cuyo objetivo es combatir el narcotráfico, aunque no solo eso.
Tras su última reunión, al margen de la Asamblea de la ONU, también acordaron emprender acciones para "explorar mecanismos de control de las inversiones"; "salvaguardar las cadenas de suministro de minerales críticos" y "promover normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital".
Brasil "nunca" ha sido invitado a integrar el grupo, según fuentes gubernamentales, que lo perciben como un mecanismo alineado con la "doctrina de seguridad nacional del Gobierno Trump", es decir, con la nueva versión del "América para los americanos".
Esas mismas fuentes consideran que abre la puerta a posibles intervenciones militares de Estados Unidos y que, en realidad, busca restar a la creciente influencia de China en el continente.
Flávio Bolsonaro, empatado con Lula en los sondeos, ya ha anticipado que se unirá al Escudo si gana las elecciones.
Para Pimenta, la eventual victoria de Bolsonaro "abrirá el país" a empresas estadounidenses para la explotación de minerales críticos y de recursos hídricos destinados a centros de datos.
Desde el Gobierno señalan que "no habría manera de aceptar algo en ese sentido".
En público, Lula reivindica la soberanía nacional y llama a la cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad, pero rechaza tener portaaviones vigilando su litoral.