APUNTE.COM.DO.- Ignacio Jiménez dejó México rumbo a Estados Unidos con el propósito de alcanzar una mejor calidad de vida, un objetivo compartido por muchos de quienes emigran. Su primer trabajo fue limpiar mesas y atender pedidos. Con el tiempo fue escalando posiciones hasta que, años después, abrió su propio bar, hoy reconocido como uno de los mejores de Norteamérica.
Su propuesta gastronómica incluye ingredientes tradicionales mexicanos como el mole, el maíz y el huitlacoche, sabores que conectan a los comensales con los paisajes y aromas de su tierra natal y que a la vez sorprenden al público de Nueva York. Sin embargo, el trayecto no fue sencillo.
Nacho, como prefiere que lo llamen, llegó a Estados Unidos hace más de 25 años. Residió primero en Dallas y luego se mudó a Nueva York. Su recorrido laboral empezó desde lo más básico: descargó camiones en tiendas departamentales, trabajó como asistente de un artista, mesero y ayudante de mesero.
Los primeros restaurantes donde laboró eran mexicanos, pero cerraron. Al buscar un nuevo empleo notó que otros establecimientos estadounidenses no lo tomaban en serio.
“Me costó mucho encontrar trabajo”, relata Jiménez en entrevista con CNN. “En ese momento me di cuenta de que había un gran menosprecio por la cultura mexicana, parecía que los años que tenía de experiencia no me valían para nada en Nueva York”.
Recuerda que en aquellos años la comida mexicana no contaba con el reconocimiento que tiene hoy. En 2005 aceptó un puesto como garrotero en un prestigioso restaurante de Nolita, en Manhattan.
Esa experiencia le demostró que podía desarrollar una carrera en la industria y que aún le quedaba mucho por aprender. También le hizo sentir que su trabajo tenía valor.
A partir de entonces, Nacho fue ascendiendo dentro del restaurante. Aprendió sobre gastronomía y servicio, y conoció a personas de Estados Unidos, América Latina, Australia, Europa y África.
“No fue fácil porque a pesar de haber expresado que quería seguir aprendiendo y siempre me atrajo muchísimo la barra, las oportunidades como mexicano no te llegan de lo más fácil, tienes que probarte dos o tres veces más que cualquier otra persona”, sostiene.
Jiménez, originario de León, ciudad del estado mexicano de Guanajuato, tuvo su primera oportunidad como bartender en 2008, cuando un compañero faltó al trabajo y él se ofreció a cubrirlo.
Compara ese momento con el de un jugador que finalmente cumple el sueño de saltar al campo. Era su ocasión para demostrar que podía estar detrás de la barra y hacer algo más que servir tragos: influir en el ambiente del lugar.



