APUNTE.COM.DO.- Un excongresista de Miami y viejo amigo del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, fue condenado este viernes a 10 años de prisión por su participación en una campaña secreta de cabildeo de 50 millones de dólares a favor de Venezuela durante el primer gobierno de Trump.

El republicano David Rivera permanece encarcelado desde que un jurado lo declaró culpable en mayo de todos los cargos, entre ellos no registrarse como agente extranjero y conspiración para cometer lavado de dinero, como parte de su trabajo para el gobierno del expresidente venezolano Nicolás Maduro.

Rivera, de 61 años, mantuvo un semblante impasible mientras la jueza Melissa Damian lo reprendía por traicionar la misión de su vida, señalando que seguramente habría sido juzgado con dureza por sus numerosos amigos si los millones de dólares hubieran provenido del régimen cubano en lugar de sus aliados en Caracas.CNNE 1310576 - conoce los detalles de la acusacion al excongresista david rivera

“Nadie aceptaría que eso está bien y no creo que esto sea diferente”, dijo la jueza. “No hay duda de que este dinero provino del régimen de Maduro”.

El juicio, que duró siete semanas, ofreció una perspectiva poco común sobre el papel de Miami como punto de convergencia para campañas de influencia extranjera destinadas a moldear la política de Estados Unidos hacia América Latina, destacando la reputación de la ciudad como imán tanto para los cruzados anticomunistas como para la corrupción dentro de su numerosa población exiliada.

El proceso incluyó testimonios del secretario de Estado del presidente Donald Trump, del representante Pete Sessions (de Texas) y de un destacado cabildero de Washington; todos ellos declararon sentirse traicionados al enterarse del enorme contrato de consultoría de Rivera con una filial estadounidense de la petrolera estatal venezolana, PDVSA.

Los abogados de Rivera planean apelar y en junio solicitaron un indulto presidencial. Rivera enfrenta cargos federales adicionales en Washington en un caso relacionado de cabildeo extranjero.

Los fiscales señalaron que la traición involucró figuras con nombres en clave: “Sombrero” y “Miss Clairol”.

En una acusación formal revelada en 2022, los fiscales alegaron que Rivera fue reclutado por la entonces canciller Delcy Rodríguez —actual presidenta encargada de Venezuela— para utilizar sus contactos republicanos y lograr que la primera administración de Trump abandonara su postura de línea dura y las sanciones paralizantes contra Venezuela.

Como parte de esta ofensiva de persuasión, Rivera y una coacusada, la consultora política Esther Nuhfer, intentaron manipular a amigos influyentes, incluidos Rubio y Sessions. Su objetivo era normalizar las relaciones con el nuevo Gobierno de Trump, incluso mientras el gobierno de Maduro enfrentaba sanciones por graves acusaciones de violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, Rivera y Nuhfer no divulgaron su labor de cabildeo como era obligatorio, por temor a que ello pusiera fin a la carrera política de Rivera como firme defensor del anticomunismo, argumentaron los fiscales durante el juicio.

“Estados Unidos y el público fueron las verdaderas víctimas de este fraude”, declaró el fiscal federal adjunto Roger Cruz al solicitar una condena severa. “Él se valió de su posición de confianza, y la traicionó de manera constante y reiterada”.

Según la fiscalía, para ocultar sus actividades, Rivera creó además un grupo de chat cifrado llamado MIA —por Miami— con su principal enlace ante el Gobierno de Maduro: el magnate venezolano de los medios Raúl Gorrín, quien posteriormente fue acusado en Estados Unidos de sobornar a altos funcionarios venezolanos.

Los integrantes del grupo utilizaban claves en tono jocoso para hablar de sus actividades: a Maduro lo llamaban “el conductor de autobús”; a Sessions, “Sombrero”; a Rodríguez, “la dama de rojo”; y a sus lucrativos pagos, “La Luz”, según copias de mensajes de texto presentadas al jurado. A Rubio lo apodaban “Miss Clairol”, ya que rubio significa cabello claro en español.Se observan plataformas petroleras y balancines en el lago de Maracaibo, en Cabimas, Venezuela, el 26 de enero.