APUNTE.COM.DO.- APUNTE.COM.DO, Santo Domingo, República Dominicana.— “En un entorno tonto es muy difícil ser inteligente”. La reflexión atribuida al filósofo, ensayista y pedagogo español José Antonio Marina resume una de las ideas centrales de su pensamiento: las capacidades individuales no se desarrollan de manera aislada, sino bajo la influencia de la familia, la escuela, el trabajo y la sociedad.

Marina ha dedicado gran parte de su trayectoria al estudio de la inteligencia, la educación y el talento. Según sus planteamientos, cada persona posee capacidades propias, pero el ambiente puede estimularlas, frenarlas o impedir que alcancen su verdadero potencial.

La frase no significa que una persona inteligente pierda automáticamente su capacidad cuando se encuentra rodeada de mediocridad. Advierte, más bien, que resulta difícil pensar, crear y actuar con sensatez cuando el entorno premia la ignorancia, rechaza las ideas nuevas o castiga a quienes cuestionan lo establecido.

Cuando el ambiente limita

Un entorno puede considerarse poco inteligente cuando desprecia la educación, difunde informaciones falsas, evita el debate razonado y convierte el ruido, la burla o la agresividad en sustitutos de los argumentos.

También ocurre en instituciones donde se asciende por favoritismo y no por capacidad; en centros educativos que no estimulan la curiosidad; o en lugares de trabajo donde aportar soluciones genera rechazo en vez de reconocimiento.

En esas condiciones, una persona capaz puede terminar guardando silencio, adaptándose a decisiones equivocadas o abandonando el espacio en busca de mejores oportunidades.

La inteligencia colectiva

José Antonio Marina diferencia entre la inteligencia individual y la inteligencia colectiva. Una organización o sociedad puede reunir personas preparadas y, sin embargo, tomar malas decisiones si carece de objetivos claros, pensamiento crítico, cooperación y principios éticos.

De igual manera, un ambiente positivo puede potenciar las capacidades de sus integrantes. La buena educación, el intercambio respetuoso de ideas, el reconocimiento al mérito y la disposición para aprender crean condiciones favorables para que surjan el talento y la innovación.

La reflexión puede aplicarse a la familia, la política, las empresas, las escuelas, los medios de comunicación y las redes sociales. En todos esos espacios, las conductas que se toleran o se premian terminan influyendo en la manera de pensar y actuar de las personas.

Responsabilidad personal

Aunque el entorno ejerce una influencia poderosa, cada individuo conserva la responsabilidad de fortalecer sus conocimientos, contrastar las informaciones y buscar relaciones que favorezcan su crecimiento.

Leer, escuchar opiniones diferentes y mantener la capacidad de preguntar constituyen formas de proteger la inteligencia frente a ambientes dominados por la desinformación o la conformidad.

Comentario de Ramiro Estrella

Ramiro Estrella, periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do, consideró que la frase representa una advertencia sobre la responsabilidad colectiva de crear espacios donde prevalezcan la educación, la sensatez y el respeto.

“La inteligencia necesita libertad, estímulo y oportunidades para desarrollarse. Cuando una sociedad premia la improvisación, la mentira o el favoritismo, termina silenciando a muchas personas capaces. Por eso debemos construir entornos familiares, educativos, laborales y políticos donde pensar correctamente no sea una dificultad, sino un valor reconocido”, expresó Estrella.