APUNTE.COM.DO.- Un entramado de empresas fantasma bajo el control de un oligarca cercano al Kremlin habría permitido a Rusia canalizar más de 500 millones de dólares en transacciones prohibidas durante los primeros cuatro meses de este año, esquivando el sistema financiero occidental para financiar, entre otros fines, componentes de drones empleados en el frente de guerra en Ucrania.
La operación fue documentada por The New York Times a partir de archivos internos filtrados de A7, una firma de servicios financieros con sede en Moscú cuyos registros fueron publicados en línea por piratas informáticos a finales del año pasado. El diario combinó esa filtración con un análisis del software utilizado para falsificar transacciones, entrevistas con empleados actuales y anteriores, y bases de datos de operaciones comerciales.
Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia quedó prácticamente excluida del sistema financiero global: sus bancos no pueden operar en dólares y la mayoría de las entidades internacionales dejó de procesar pagos para empresas rusas. Ante ese cerco, A7 construyó una red de firmas pantalla en Asia, África y otras regiones cuyo único propósito, según los documentos, es disimular el origen de las compras.
La compañía también recurre a criptomonedas para intercambiar rublos y otras divisas por dólares y euros de manera que se oculte el origen del dinero, y desarrolló una aplicación propia, potenciada por inteligencia artificial de OpenAI, para falsificar registros comerciales y engañar a bancos y reguladores.
En apenas cuatro meses, A7 intermedió más de 500 millones de dólares en transacciones prohibidas para empresas y particulares rusos. De ese total, más de 130 millones de dólares correspondieron a productos con aplicación potencial en la industria militar rusa, según el análisis del diario neoyorquino.
Las sanciones occidentales encarecieron el esfuerzo bélico ruso, pero también generaron mecanismos de evasión cada vez más sofisticados, explicó Elina Ribakova, directora del programa de asuntos internacionales de la Escuela de Economía de Kiev. “Hemos creado un monstruo”, dijo en referencia a A7 y a la evasión de sanciones por parte de Rusia.
Detrás de la red se encuentra Ilan Shor, oligarca israelí moldavo dueño de A7, a quien tres funcionarios de inteligencia occidentales señalan como un reporte directo del Kremlin. Shor fundó la empresa en 2024 con el argumento declarado de “desarrollar el comercio exterior” y estimular la economía rusa pese a las sanciones, según un comunicado en ruso citado por el diario.
Para expandirse, A7 necesitaba un punto de apoyo dentro del sistema financiero internacional y lo encontró en Kirguistán, la ex república soviética de Asia Central. Los documentos no precisan hasta qué punto funcionarios o bancos kirguisos conocían las operaciones de A7, aunque muestran vínculos estrechos entre autoridades influyentes y la compañía de Shor.
Registros de pagos obtenidos por el diario indican que las firmas pantalla de A7 abrieron seis cuentas en bancos kirguisos, por donde circularon más de 100 millones de dólares en dólares y renminbi chino. Tras la invasión, las ganancias bancarias en Kirguistán treparon a 354 millones de dólares en 2024, frente a los 42 millones de 2021, según datos oficiales.
En el mismo período, los envíos de empresas chinas y europeas hacia Kirguistán pasaron de unos 8 mil millones a casi 23 mil millones de dólares, de acuerdo con datos de Naciones Unidas. El economista Robin Brooks, del Brookings Institution, escribió en 2024 que ese crecimiento resultaba demasiado abrupto para reflejar una demanda interna real y concluyó que el país, de apenas siete millones de habitantes, funcionaba como escala de tránsito de mercancías rumbo a Rusia.
El eslabón clave fue la Trading Company of the Kyrgyz Republic, una entidad estatal creada oficialmente para “vigilar las transacciones comerciales y financieras” y “reducir los riesgos de evasión de sanciones y pagos ilegales”. Según los documentos filtrados, la compañía tuvo desde el inicio el efecto contrario: en semanas, administradores de sistemas de A7 discutían cómo instalar su propio software en el sitio web oficial kirguiso para procesar pedidos.
Daniyar Amangeldiev, ex ministro de Economía de Kirguistán y quien ayudó a crear la Trading Company, afirmó en un comunicado que la entidad fue establecida para “regular y aumentar la transparencia de las operaciones de comercio exterior” y que, según su conocimiento, “su creación no estuvo vinculada a los intereses de A7 ni de Ilan Shor”. Presionado por países occidentales, Kirguistán cerró este año elementos de la red de A7, incluida la propia Trading Company.
Bakyt Sydykov, ministro de Economía y Comercio del país, sostuvo en un comunicado esta semana que Kirguistán “toma en serio el uso indebido de su sistema financiero” y que se designó a un representante especial para coordinar la política gubernamental contra la evasión de sanciones.
Un caso documentado por el diario ilustra el mecanismo: en marzo de 2025, la di