APUNTE.COM.DO.- Elegir un asiento apartado en una sala de espera, un restaurante, un parque o el transporte público no siempre significa rechazo, tristeza o falta de sociabilidad. Para algunas personas, mantener cierta distancia constituye una manera espontánea de reducir estímulos y recuperar tranquilidad emocional.

Investigaciones psicológicas sobre la soledad voluntaria indican que pasar un tiempo a solas puede disminuir la intensidad de emociones muy activas, tanto positivas como negativas. Es decir, puede producir un efecto de desaceleración que facilite la calma después de una jornada exigente, una conversación difícil o una exposición prolongada al ruido y a otras personas.

Un estudio publicado en 2018 en la revista Personality and Social Psychology Bulletin concluyó que la soledad puede contribuir a la autorregulación afectiva. Sus resultados mostraron que estar a solas tiende a reducir el nivel de activación emocional, aunque sus efectos dependen de la razón por la cual la persona busca ese espacio.

Otra investigación, publicada en 2024 y basada en el seguimiento de experiencias cotidianas, encontró que las emociones de alta intensidad pueden aumentar el deseo de estar solo. El trabajo plantea que algunas personas procuran momentos de separación para disminuir esa activación y regular lo que sienten.

Por eso, una persona que se sienta lejos de los demás podría estar intentando descansar mentalmente, concentrarse, proteger su privacidad o evitar una sobrecarga de ruido, conversaciones y movimiento. También puede hacerlo sencillamente porque prefiere un lugar tranquilo o porque desea sentirse más cómoda.

Sin embargo, los especialistas advierten que una conducta aislada no permite conocer el estado psicológico de nadie. Escoger un asiento distante no demuestra, por sí solo, agotamiento emocional, ansiedad, depresión ni una personalidad introvertida. El contexto, la frecuencia, la intención y el bienestar general de la persona son elementos indispensables para interpretar ese comportamiento.

La psicología también distingue entre soledad elegida y soledad no deseada. La primera puede ofrecer descanso, autonomía y espacio para ordenar pensamientos. La segunda, cuando se convierte en aislamiento prolongado y genera sufrimiento, puede afectar el bienestar y requerir apoyo familiar o profesional.

En consecuencia, la afirmación de que quienes prefieren sentarse lejos de los demás intentan “recargar su energía emocional” puede ser válida en algunos casos, pero no debe asumirse como una regla universal. La distancia física puede responder a numerosas razones y no constituye un diagnóstico.

Comentario de Ramiro Estrella

Ramiro Estrella, periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do, considera que respetar el espacio personal es también una forma de convivencia.

“No siempre debemos interpretar la distancia como desprecio o indiferencia. En ocasiones, una persona solo necesita silencio y tranquilidad para recuperar el equilibrio. Lo prudente es respetar ese espacio, sin etiquetar ni juzgar, y estar disponibles si necesita apoyo”, expresó Estrella.

Fuentes consultadas: estudios científicos sobre soledad voluntaria, autorregulación afectiva y búsqueda de calma publicados en Personality and Social Psychology Bulletin y en la literatura académica disponible a través de PubMed y PubMed Central.