APUNTE.COM.DO.- La vida está marcada por decisiones que, en muchas ocasiones, obligan a elegir entre la seguridad y la posibilidad de avanzar. Aunque evitar los riesgos puede parecer la opción más prudente, permanecer siempre en terreno seguro también puede impedir alcanzar nuevas metas.
Una reflexión atribuida a Santo Tomás de Aquino, filósofo y teólogo medieval, resume esta idea: “Si el objetivo más alto de un capitán fuera preservar su barco, lo mantendría en el puerto por siempre”.
La frase plantea una comparación sencilla: un barco está diseñado para navegar, no para permanecer eternamente protegido en el puerto. De igual manera, las personas necesitan salir de su zona de seguridad para enfrentar desafíos, aprovechar oportunidades y perseguir sus objetivos.
El riesgo como parte del crecimiento
A lo largo de la vida surgen decisiones cuyos resultados no siempre pueden preverse. Emprender un proyecto, cambiar de rumbo profesional, iniciar una nueva etapa o defender una convicción puede implicar incertidumbre y la posibilidad de equivocarse.
Sin embargo, asumir riesgos no significa actuar de manera imprudente. La clave está en aprender a distinguir entre una decisión razonada y una apuesta innecesaria.
El fracaso, cuando ocurre, también puede convertirse en una experiencia útil. Permite identificar errores, adquirir conocimientos y, en determinadas circunstancias, volver a intentarlo con mayor preparación.
Por el contrario, el miedo permanente a equivocarse puede conducir a la inacción y hacer que algunas oportunidades pasen sin ser aprovechadas.
La enseñanza de esta reflexión es que la seguridad absoluta puede convertirse en un obstáculo para el progreso. Como el capitán que nunca abandona el puerto, quien evita todo riesgo puede conservar lo que tiene, pero también puede renunciar a descubrir hasta dónde puede llegar.
Por eso, más que asumir cualquier riesgo, la verdadera tarea consiste en desarrollar el criterio necesario para saber cuándo avanzar, cuándo esperar y qué riesgos vale la pena asumir.