APUNTE.COM.DO.- NUEVA YORK.- Las secuelas del 11S continúan presentes un cuarto de siglo después: 4,257 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) han recibido un diagnóstico de cáncer, y 12,161 padecen al menos una enfermedad vinculada a la exposición a las toxinas del World Trade Center.
En la mañana soleada del 11 de septiembre de 2001, la ciudad de Nueva York se transformó en un escenario de devastación: miles de muertos y heridos, incertidumbre, terror y llanto, mientras la urbe quedaba ocupada por soldados y agentes federales.
También emergió la solidaridad de miles de bomberos y rescatistas que se dirigieron a la Zona Cero para salvar vidas, sin imaginar que, años después, muchos pagarían con su salud aquella entrega.
Con el paso del tiempo llegaron las enfermedades y, en algunos casos, la muerte. «Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día», afirma a EFE Joe Conzo, entonces técnico de emergencias médicas y uno de los miembros del FDNY diagnosticados con cáncer.
Cerca de un millar padece más de un tipo de cáncer. Entre ellos está Conzo, quien en 2019 enfrentó un cáncer de hígado y posteriormente otro de páncreas como resultado de la exposición a las toxinas, lo que lo llevó a retirarse.
«Llevo siete años en remisión», expresa con satisfacción el ex técnico de emergencias médicas, hoy dedicado a la fotografía, una afición que aprendió de niño en El Bronx.
Tras los atentados, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aseguró que, después de un «riguroso monitoreo», el agua potable y el aire en el Bajo Manhattan eran seguros.
Sin embargo, un informe reciente indica que 12,161 miembros del FDNY han sido diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas durante su trabajo en el World Trade Center.
Unos 4,496 miembros están certificados por al menos una afección de salud mental, y 10,562 por una afección de salud física.
Entre el polvo y los escombros
Tras escuchar que un avión se había estrellado contra una de las torres, Conzo y su compañero se dirigieron al lugar, donde vieron a «miles de personas que salían corriendo y solo policías y bomberos iban en dirección contraria».
«Al entrar a un edificio, oí un ruido que parecía un tren y mi amigo corrió». El edificio se derrumbó y generó una enorme nube de polvo y humo que envolvió el Bajo Manhattan, y Conzo fue alcanzado por los escombros.
Poco después lo sacaron de allí: «Busqué agua, me lavé la cara, llamé a mi madre y busqué a mi compañero para saber si estaba bien», recuerda.
Una vez recuperado, permaneció en la Zona Cero hasta el día siguiente, ayudando a sobrevivientes, muchos trasladados a hospitales de la vecina Nueva Jersey.
«Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos», lamenta.
Tres días en la Zona Cero
Izzy Miranda, entonces instructor en la academia de bomberos y posteriormente presidente del sindicato de técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del FDNY, tampoco olvida.
«Esos recuerdos (dice) están guardados como en una 'cajita' en tu cerebro».
Tan pronto supo del avión, salió de la academia junto a otros técnicos, bomberos y policías. Detuvieron un autobús de la ciudad, desalojaron a sus pasajeros y se dirigieron al lugar en medio de una inmensa congestión.
«Llegamos antes de que se cayera el primer edificio. Solo se veía humo y lo que parecían papeles cayendo, pero cuando mirabas bien, era gente tirándose. El primer bombero que murió allí fue porque le cayó una persona encima y lo aplastó», relata.
Mientras se encontraba en el edificio impactado en busca de sobrevivientes, escuchó «como un terremoto»: era el colapso de la estructura, por lo que se alejó del lugar.
No obstante, la inmensa nube de polvo lo alcanzó: «Parecía como algodón en la boca y no podía respirar. Me tiré debajo de un camión y usaba un pañuelo para proteger mi boca y nariz. Los ojos ardían».
Tras unos 15 minutos, entró a un edificio para lavarse y regresó.
«Antes de caerse las torres, sacábamos gente que trabajaba ahí. Después, la mayoría eran cuerpos desmembrados. Miraba si tenían tatuajes, una sortija o alguna joya» que ayudara a identificarlos, recuerda Miranda, quien también trabajó en la morgue improvisada que se levantó en el lugar.
Miranda luchó desde el sindicato por beneficios médicos para los miembros afectados, pero tampoco escapó a esa realidad: fue diagnosticado con apnea del sueño por problemas en las vías respiratorias y ha sido operado dos veces de la nariz debido a la exposición a los químicos.
De acuerdo con el FDNY, más de 600 miembros han muerto por enfermedades que se sospecha están relacionadas con el 11S.