APUNTE.COM.DO.- LOS ÁNGELES (EE.UU.). – La ciudad de Los Ángeles celebra este viernes 245 años de historia desde que un grupo de 44 pobladores fundó el asentamiento en 1781. Este enclave se transformó de un pueblo agrícola en la segunda urbe más grande de Estados Unidos y la de mayor población latina.
La ciudad fue creada bajo la estrategia de la Corona española para asegurar la soberanía militar en la Alta California durante el siglo XVIII. Hoy, se recuerda el legado de sus fundadores en el histórico distrito de El Pueblo, ubicado en el centro de la metrópolis.
Antes de convertirse en una gigantesca metrópolis de casi cuatro millones de habitantes, la zona fue el destino de una expedición compuesta por indígenas, mestizos, personas de ascendencia africana y españoles, encargados de abastecer los presidios militares de la región. Este grupo fue conocido como «Los Pobladores».
Tras recorrer más de 1.609 kilómetros desde el norte de México, los colonos se asentaron en El Pueblo, junto al río de Porciúncula, un lugar que ofrecía agua para cultivos y una posición estratégica cercana al presidio de San Gabriel, lo que garantizaba defensa y comercio. Allí establecieron una comunidad agrícola llamada El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles de Porciúncula, según información de la página web de la ciudad.
El desarrollo urbano de Los Ángeles se aceleró a finales del siglo XIX y principios del XX con la llegada del ferrocarril y el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo.
Al auge industrial le siguió la expansión de la cinematografía con el nacimiento de la industria de Hollywood en la década de 1910.
Tanto la ciudad como California se convirtieron en el hogar de la promesa del sueño americano durante los años más duros de la Gran Depresión en la década de 1930, siendo refugio de miles de familias migrantes que buscaron en el soleado Estado Dorado una vida mejor.
El recinto de El Pueblo, situado junto a la placeta original, conserva edificios históricos que recuerdan las raíces de sus fundadores. Alberga la colorida calle Olvera, un callejón peatonal lleno de puestos de artesanía y aromas de comida mexicana, que celebra la herencia hispana y la multiculturalidad con la que nació la ciudad.