APUNTE.COM.DO..- El presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella, quedó en el centro de una fuerte controversia luego de difundirse imágenes en las que aparece caminando entre 23 cuerpos de presuntos integrantes de las disidencias de las FARC abatidos durante una operación militar en el departamento del Guaviare.
Los cuerpos, cubiertos con bolsas plásticas blancas y colocados en el suelo de un batallón militar, fueron mostrados durante la presentación de los resultados de la Operación Azarías, realizada el pasado 30 de agosto en el municipio de Miraflores, Guaviare.
De acuerdo con el balance oficial presentado por el Gobierno colombiano, durante la operación fueron abatidos 23 integrantes de la estructura conocida como Frente Carolina Ramírez, seis personas fueron capturadas y un menor de edad fue recuperado y puesto bajo protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Las autoridades también reportaron la incautación de 28 fusiles, cuatro ametralladoras, tres pistolas, explosivos y otro material de guerra.
Entre los muertos se encuentra, según el Gobierno, alias Tigre o Pintado, señalado como cabecilla del Frente Carolina Ramírez y subordinado de Iván Mordisco.
Una imagen que desató la polémica
Sin embargo, más allá del resultado militar, lo que provocó una fuerte reacción fue la manera escogida por el mandatario para mostrar la operación.
En las imágenes difundidas en redes sociales se observa a De La Espriella caminando entre los cuerpos mientras presenta los resultados del operativo, acompañado por integrantes de la cúpula militar y policial.
La escena generó críticas de dirigentes políticos, sectores de oposición y defensores de derechos humanos, quienes cuestionaron la exposición de los cadáveres y consideraron que la presentación podía interpretarse como una utilización propagandística de los cuerpos de personas abatidas.
El expresidente Gustavo Petro también cuestionó la decisión y criticó lo que calificó como una exhibición de los cadáveres, al considerar que convertir la muerte en una imagen de triunfo representa una forma inadecuada de comunicar los resultados de una operación militar.
De La Espriella defiende su política de seguridad
El mandatario, lejos de retroceder ante las críticas, reafirmó su decisión de enfrentar con firmeza a las organizaciones armadas ilegales.
Durante la presentación de los resultados, De La Espriella aseguró que su Gobierno no llegó al poder para negociar con grupos señalados de cometer asesinatos, extorsiones y reclutamiento de menores, sino para combatirlos utilizando “toda la fuerza legítima” de las instituciones y dentro del Estado de derecho.
El presidente calificó la Operación Azarías como uno de los golpes más contundentes propinados por la Fuerza Pública en los últimos 12 años y sostuvo que la ofensiva contra las estructuras armadas continuará.
Debate sobre la forma de mostrar la guerra
La controversia ha abierto además un debate sobre la manera en que el Gobierno colombiano comunica sus operaciones militares.
Mientras los seguidores de De La Espriella consideran que las imágenes demuestran la contundencia de la nueva política de seguridad y el poder de respuesta del Estado frente a los grupos armados, sus críticos cuestionan que los cadáveres sean utilizados como parte de una puesta en escena política.
El debate también alcanza el terreno del Derecho Internacional Humanitario, debido a las críticas relacionadas con la dignidad de las personas fallecidas y la conveniencia de exhibir públicamente sus cuerpos.
La discusión ocurre mientras el Gobierno de De La Espriella ha endurecido su postura frente a las disidencias de las FARC y otros grupos armados, marcando una diferencia con la política de negociación impulsada por la administración anterior.
La controversia, por tanto, no se limita al resultado de la operación militar. El centro del debate es también la forma en que el nuevo Gobierno colombiano decidió mostrar públicamente la victoria militar: con el presidente caminando entre los cuerpos de los abatidos.
te los medios de comunicación, ha sido calificada por diversos sectores como una apuesta por la mano dura en el conflicto armado, pero también ha despertado críticas por la forma en que se manejó la situación.


