APUNTE.COM.DO.- Dayán Marrero, estudiante de tercer año de informática en la Universidad Agraria de La Habana, reside en la provincia de Mayabeque, a una hora de la capital cubana. En Instagram se ha forjado una comunidad de seguidores con consejos para sortear los retos diarios que impone la crisis: apagones cada vez más frecuentes por la falta de petróleo, estrategias para estirar la batería del móvil o cómo lidiar con el calor.
Uno de sus videos más virales, cercano a las 800.000 reproducciones, enseña a construir una antena casera para captar la esquiva señal de internet móvil. 
Dayán forma parte de una ola de creadores de contenido que en redes como Instagram, TikTok y YouTube hallaron una fuente de ingresos y una forma de ayudar a otros a resolver problemas prácticos en medio de la peor crisis económica que ha padecido Cuba en décadas. La escasez de combustible, alimentos y medicinas, sumada a los cortes eléctricos casi diarios, empuja a los cubanos a buscar soluciones ingeniosas y a compartirlas con su comunidad.
Desde su pequeño apartamento en Mayabeque, Dayán armó un improvisado set con luces y un teléfono móvil de gama media. Con dedicación edita tutoriales que van desde fabricar un cargador solar hasta cocinar con leña sin generar humo en interiores. Su contenido trasciende fronteras: también lo siguen cubanos en el extranjero que buscan reconectarse con su cultura y apoyar a sus familiares.
La crisis ha llevado a muchos a replantearse su forma de vida. Dayán, que antes de la pandemia daba clases particulares, ahora utiliza las redes para llegar a más personas y recibir donaciones o pagos por contenido patrocinado. “No tengo mucho, pero con lo que tengo trato de ayudar a los demás”, afirma en uno de sus videos, actitud que resuena entre sus seguidores.
No obstante, el contexto es complejo. El gobierno cubano ha impuesto restricciones a la actividad de influencers, y muchos temen represalias si expresan críticas abiertas. Dayán prefiere evitar la política y centrarse en lo práctico: “No quiero problemas, solo quiero vivir y ayudar a mi familia”. Esa cautela le ha permitido operar sin contratiempos y ganarse el respeto de su audiencia.
Otros perfiles como “La cubana que cocina” o “El ingeniero en apuros” siguen rutas similares y se han vuelto referentes de la resistencia cotidiana. Más allá de consejos útiles, construyen un sentido de solidaridad en un momento de aislamiento y desánimo.
La historia de Dayán y sus colegas demuestra cómo la adversidad puede generar innovación y comunidad. Mientras el país aguarda soluciones estructurales, los cubanos siguen probando que la falta de recursos no apaga su creatividad ni su impulso por salir adelante.





