APUNTE.COM.DO.- El Ejecutivo de Taiwán convocó a un desembolso excepcional de 145.700 millones de dólares taiwaneses (unos 4.590 millones de dólares estadounidenses) con el objetivo de fortalecer su capacidad militar frente a lo que considera un incremento de la presión de China sobre la isla. La propuesta contempla partidas específicas para aeronaves no tripuladas, sistemas de intercepción de misiles, municiones y otros rubros.

Del monto total, 55.900 millones de dólares taiwaneses se destinarían a sistemas de vigilancia y reconocimiento con drones; 13.000 millones a capacidades antimisiles; 64.500 millones a diversos programas militares; 7.300 millones a munición; 900 millones a tecnologías de inteligencia artificial y 2.500 millones a gastos de personal.

Entre las adquisiciones proyectadas figuran más de 600 drones para monitoreo costero, más de 40.000 drones de ataque con capacidad para operar contra objetivos en el litoral y un primer lote de más de 100 embarcaciones no tripuladas de asalto. La combinación apunta a incrementar la capacidad de detección temprana y respuesta ante una eventual acción bélica desde el continente.

El plan incluye igualmente el desarrollo del sistema de alcance medio Strong Bow, fabricado por la industria local, orientado a neutralizar misiles balísticos tácticos. Según el Gobierno, con estos fondos se modernizarán las defensas sin depender exclusivamente de equipamiento extranjero.

La medida llega después de que en agosto el Parlamento taiwanés diera luz verde a un programa de 240.000 millones de dólares taiwaneses para la adquisición de drones durante seis años, unos 40.000 millones anuales en promedio.

La nueva solicitud presupuestaria busca además corregir una brecha con el Legislativo, que en mayo había aprobado solo 25.000 millones de dólares taiwaneses adicionales para defensa, una suma menor a la pedida por el Ejecutivo y condicionada a la compra de armamento estadounidense. La presente iniciativa incorpora además sistemas fabricados en Taiwán.

Al justificar la ampliación, el gabinete declaró: “No puede haber una brecha en la defensa nacional” y añadió: “La seguridad nacional no puede esperar, el presupuesto de defensa no puede esperar y la autosuficiencia en defensa tampoco puede esperar”.

Este anuncio se enmarca en el objetivo del presidente William Lai de elevar el presupuesto de Defensa por encima del billón de dólares taiwaneses (unos 32.000 millones de dólares) y de superar el 3% del producto interno bruto (PIB).

En paralelo, la Fuerza Aérea taiwanesa planifica inversiones para proteger sus instalaciones clave. Para el período 2027-2031 contempla gastar 3.570 millones de dólares taiwaneses en la modernización de la base de Chiashan, en Hualien, que alberga un complejo subterráneo capaz de resguardar alrededor de 250 aeronaves. También se prevé la construcción de nuevos hangares protegidos en Chiashan y en Shizishan.

La estrategia busca mantener operativa la flota aérea incluso después de un eventual bombardeo de los aeródromos de superficie. La base de Chiashan es considerada un pilar de la defensa aérea taiwanesa en caso de conflicto.

Estas medidas se producen en medio de la permanente tensión entre Taipéi y Pekín. Las relaciones políticas entre ambas orillas quedaron interrumpidas tras la guerra civil china de 1949, cuando el Kuomintang se estableció en Taiwán tras ser derrotado por los comunistas. China reivindica la soberanía sobre la isla, mientras que el presidente Lai sostiene que el futuro de Taiwán debe ser decidido por su población.