APUNTE.COM.DO.- Cada día mueren en el mundo unas 3.500 personas a causa de la hepatitis viral, la mayoría por complicaciones de la hepatitis B y la hepatitis C, según cifras recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Solo la hepatitis B provoca 1,2 millones de nuevos contagios y 1,1 millones de muertes cada año.
Lo más preocupante es que la mayoría de quienes viven con estas infecciones no lo saben. De los 254 millones de personas con hepatitis B crónica, solo el 27% conoce su diagnóstico; de los cerca de 50 millones con hepatitis C, apenas un 36% ha sido diagnosticado. Así, la infección avanza en silencio mientras daña el hígado.
La doctora Fabiolina Sánchez Peralta, gastroenteróloga de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), explica que la hepatitis B y la C son causadas por virus distintos pero atacan el mismo órgano: el hígado.
Ambas se transmiten principalmente por contacto con sangre infectada: compartir agujas, transfusiones no controladas, procedimientos médicos u odontológicos con material no esterilizado, o tatuajes sin medidas de bioseguridad. La hepatitis B también se contagia por vía sexual y de madre a hijo durante el parto; en la hepatitis C estas vías son menos frecuentes. “Ninguna de las dos se contagia por saludar, compartir alimentos, abrazar o convivir con una persona infectada”, aclara la especialista.
El peligro radica en que pasan inadvertidas durante años. Tras el contagio, muchos no presentan síntomas o solo un malestar leve similar a una gripe. El virus provoca una inflamación silenciosa que cicatriza el tejido hepático (fibrosis) y puede avanzar a cirrosis o cáncer de hígado.
Cuando aparecen señales como color amarillento en piel y ojos, hinchazón abdominal o confusión mental, el daño suele estar avanzado. El diagnóstico frecuentemente llega de forma incidental: un análisis de rutina, un chequeo preoperatorio o una donación de sangre.
Hay una distinción importante: la hepatitis B crónica no tiene cura. El virus se instala en el núcleo de las células hepáticas, y aunque los antivirales controlan su replicación, la infección debe manejarse de por vida. En cambio, la hepatitis C sí es curable: los antivirales de acción directa, tomados por vía oral durante 8 a 12 semanas, curan más del 95% de los casos. El problema es que muchos no saben que la tienen y no acceden a la cura.
¿Quién debería hacerse la prueba? Las guías internacionales recomiendan que todo adulto se realice al menos una vez un tamizaje para hepatitis B y C. Es especialmente importante para quienes tuvieron transfusiones o cirugías antes de los controles actuales, compartieron agujas, tienen múltiples parejas sexuales, familiares o parejas con hepatitis, mujeres embarazadas, trabajadores de salud y personas con alteraciones hepáticas inexplicadas.
La prueba es un análisis de sangre que detecta el virus o los anticuerpos, y está disponible en cualquier laboratorio clínico.
Para la hepatitis B existe vacuna segura y eficaz, incluida en los esquemas infantiles y disponible para adultos. Para la hepatitis C no hay vacuna, por lo que la prevención se basa en evitar contacto con sangre y exigir material esterilizado.
“La herramienta más poderosa es la detección temprana: un simple análisis de sangre puede cambiar el curso de la enfermedad, controlar la hepatitis B antes de daño irreversible o curar la hepatitis C antes de complicaciones”, concluye la especialista.
Si aún no se ha hecho la prueba, consulte a su médico. Puede ser la pregunta que salve su hígado y su vida.