APUNTE.COM.DO.- La administración de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha mostrado a Estados Unidos que es un aliado confiable en la región y ha accedido a las solicitudes del gobierno de Donald Trump, pero Washington ha respondido con una especie de castigo económico hacia la República Dominicana desde 2022.
Al inicio de la administración de Abinader en 2020, el presidente anunció que no se permitirían inversiones chinas en áreas sensibles como telecomunicaciones, puertos y aeropuertos. La República Dominicana estableció relaciones diplomáticas con China en 2017, durante el segundo gobierno de Danilo Medina.
En menos de dos años de la administración de Trump, varias de sus medidas han afectado al país. El último caso fue la imposición de aranceles de 12.5% supuestamente porque el país no ha establecido ni aplicado eficazmente una prohibición contra la importación de mercancías producidas total o parcialmente mediante trabajo forzoso.
Además, en un informe difundido el pasado jueves, el gobierno de Estados Unidos incluyó a la República Dominicana en el transbordo de mercancía proveniente de China a través de rutas comerciales para evadir aranceles o para modificar de manera fraudulenta el origen de los productos.
Antes, el país fue sancionado con un 10% de aranceles y en 2022 se prohibió la importación de azúcar del Central Romana por denuncias de trabajo forzoso. Esta última sanción fue levantada el 18 de junio del pasado año.
Las acciones económicas de Estados Unidos contra el país se dan a pesar de que el Gobierno dominicano se ha convertido en un socio fiel y confiable para ese país en la región, según han expresado funcionarios de ese país y sus representantes diplomáticos en la República Dominicana. En 2025, el Gobierno firmó un acuerdo para que Estados Unidos utilice la base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de las Américas para operaciones militares contra el narcotráfico en el marco de la operación "Lanza del Sur". Igualmente, aceptó recibir inmigrantes ilegales de Estados Unidos provenientes de terceros países, excepto de Haití, como parte de su agresiva política migratoria.
El gobierno dominicano también ha votado a favor de las propuestas de Estados Unidos en la batalla geopolítica en la ONU y la OEA. Incluso, para la suspendida Cumbre de las Américas, no invitó a países como Venezuela, Cuba y Nicaragua, lo que provocó que México y Colombia desistieran de participar.
En abril de este año, la embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos, cuestionó la cumbre progresista en Barcelona, España, en la que el país participó representado por el ministro de Justicia, Antoliano Peralta.
El presidente Luis Abinader ha dicho en varias ocasiones que las relaciones con Estados Unidos son especiales. "Las relaciones con Estados Unidos que nosotros tenemos, son unas relaciones muy especiales. Nosotros siempre hemos dicho que nuestra relación con Estados Unidos, es una relación muy especial y seguirá siendo así, de esa manera", expresó en octubre del pasado año.
Cuando Trump asumió el poder en 2024 y designó a Marco Rubio como Secretario de Estado, su primera visita en la región fue a la República Dominicana. El 6 de febrero de 2025, en su visita al Palacio Nacional, definió al país como amigo y seguro. También visitó el país en noviembre de 2025 el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y fue en el marco de esa visita que se anunció el acuerdo que concedió a Estados Unidos el uso de los aeropuertos para acciones militares en la región.
En un artículo publicado ayer en Diario Libre, el economista Jaime Aristy Escuder planteó la desigualdad del trato de Estados Unidos con la República Dominicana. "El comercio bilateral, enmarcado en el acuerdo de libre comercio DR-CAFTA, genera un superávit por encima de los cinco mil millones de dólares a favor de Estados Unidos, lo que equivale a afirmar que la economía dominicana es la que debería proteger su mercado y no al revés. Este dato desmonta el argumento que habitualmente se invoca para legitimar aranceles —la necesidad de corregir desequilibrios comerciales perjudiciales para Estados Unidos— pues, en el caso dominicano, el desequilibrio favorece a Washington", argumentó.
Reflexionó que resulta difícil de entender que un país que ha sido un socio confiable, y que ha respaldado a Estados Unidos, reciba un trato tan injusto. "La Casa Blanca tiene la oportunidad —y, a la luz del historial dominicano, también razones suficientes— de revisar esas decisiones sin que ello suponga ceder en sus objetivos legítimos. Hacerlo sería un gesto coherente con la relación de confianza y colaboración que ambos países han ido construyendo durante más de cien años", planteó.
Las situaciones que impactan al país desde la política de Washington no han sido solo de la administración republicana; también durante la gestión del demócrata Joe Biden ocurrieron situaciones que evidenciaron una actitud que no se corresponde con la actitud del gobierno dominicano en la era de Abinader. Durante todo su gobierno, Biden no designó un embajador oficial en el país, lo que provocó que por más de cinco años la diplomacia entre ambas naciones se manejara a través de su encargado de negocios. Además, durante la administración Biden, el país recibió presiones por el tema de aceptar inmigrantes haitianos ilegales.