APUNTE.COM.DO.- El escenario electoral brasileño se presenta con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el hijo del ex mandatario Jair Bolsonaro, Flávio Bolsonaro, casi igualados en las encuestas, mientras la campaña inicia este domingo en medio de acusaciones de injerencia extranjera y una polarización interna sin precedentes.
El jefe de Estado eligió el Estadio Primero de Mayo, en São Bernardo do Campo, para dar inicio a la contienda política, el mismo escenario donde se forjó como líder sindical y fundó el Partido de los Trabajadores en 1980. El PT espera movilizar cerca de 20.000 simpatizantes hacia el evento.
En la apertura, el mandatario, en busca de su cuarto mandato no consecutivo, se propone subrayar los datos económicos recientes: crecimiento promedio del 2%, desempleo en mínimos históricos y aumento de la renta per cápita, junto con un mensaje de defensa de la soberanía ante las presiones externas.
Por su parte, el líder opositor convocó a sus seguidores en la playa de Copacabana, epicentro tradicional de la militancia bolsonarista. “Están viendo que todo el mundo está contra mí porque el sistema sabe que soy el único que puede cambiar las cosas de verdad (...) Estoy arriesgando mi propia vida para sacar a Brasil del rojo”, afirmó el senador a través de sus redes sociales.
Flávio, de 45 años, sostiene que Lula representa un modelo “agotado” y promete mano dura contra el crimen, menor presencia estatal y mayor alineación con Estados Unidos, replicando la fórmula de su padre. El legislador presentó su plan de Gobierno con énfasis en el combate al crimen organizado, la reforma del Poder Judicial, el reajuste del gasto público y una política exterior pragmática orientada hacia Estados Unidos, Argentina e Israel.
En contraste, Luiz Inácio Lula da Silva difundió hace una semana su propio programa, cuyo eje principal es la defensa de la soberanía, la reducción de la brecha social y el combate al crimen organizado.
Las últimas mediciones, publicadas por la firma Quaest, sitúan al con 43% y a Flávio Bolsonaro con 40% de intención de voto en una eventual segunda vuelta. El margen de error de dos puntos refleja que ambos candidatos están técnicamente empatados, y el 4% de indecisos mantiene abierta la definición en octubre.
La campaña presidencial en Brasil arranca marcada por dos grandes factores: la presión de actores internacionales y la fractura del campo conservador tras la inhabilitación de Jair Bolsonaro, condenado y encarcelado por golpismo. En ausencia del ex mandatario, nuevos aspirantes de derecha emergen, aunque ninguno supera el 5% de apoyo.
La administración de Lula interpretó como intentos de injerencia varios movimientos recientes de Estados Unidos. Entre ellos, menciona los aranceles impuestos por la administración Trump, la presión para aprobar al nuevo embajador estadounidense y el intento de enviar funcionarios para analizar el sistema electrónico de votación.
En una entrevista a los pódcast Não Inviabilize y As Cunhãs, Lula fue tajante: “Estoy intentando contactar con Trump para decirle que no se meta en los negocios de Brasil, especialmente en las elecciones”, declaró el mandatario.
En consecuencia, el Ejecutivo brasileño optó por responder con reciprocidad a esos aranceles, postergar la evaluación diplomática hasta después de los comicios y vetar el ingreso de los observadores estadounidenses.
La ausencia de Jair Bolsonaro generó una dispersión en el electorado conservador, con la aparición de figuras como Renan Santos, el ex gobernador Ronaldo Caiado y el empresario Romeu Zema. No obstante, ninguno logra superar el 5% en las encuestas.
El politólogo Claudio Couto, de la FGV, apunta que el segmento indeciso está compuesto mayoritariamente por mujeres, votantes de clase media y electores independientes, quienes podrían ser determinantes en la definición del balotaje.
(Con información de EFE)