APUNTE.COM.DO.- La economía dominicana registró un crecimiento de 4.5% en el primer semestre de este año, impulsado principalmente por la construcción y una mayor inversión pública y privada, aunque los economistas Jaime Aristy Escuder, Alejandro Grisanti e Ysrael Abreu ofrecen lecturas divergentes sobre ese desempeño.
Mientras dos de ellos valoran positivamente la recuperación y atribuyen al Gobierno correcciones importantes en el último año, otro sostiene que el crecimiento convive con distorsiones que impiden que la mayoría de los dominicanos lo perciba en sus ingresos, y cuestiona el manejo de la deuda, el empleo, los salarios y el sector eléctrico.
Al calificar la gestión económica de la administración de Luis Abinader, Aristy Escuder otorgó entre 80 y 84 puntos al evaluar el período de manera integral (seis años); Grisanti le asignó 90 puntos y planteó que podría llegar a 95 al valorar el último año; mientras Abreu la colocó en 60 puntos y, al volver luego sobre el desempeño del sector eléctrico, redujo su valoración a 50.
La forma como ven la economía en el actual mandato, que agotó ya un primer período (2020-2024), quedó expresada en un panel de CDN 37 y elCaribe, titulado 16 Miradas para el 16, que abarcará una serie de programas destinados a evaluar el desempeño del gobierno de Luis Abinader de cara al 16 de agosto, cuando inicia un nuevo año de su segundo mandato. Fueron consultados sobre el comportamiento de la economía, crecimiento, inflación, empleo, productividad, educación, electricidad, inversión pública, la deuda y la capacidad de los hogares para beneficiarse de la expansión económica.
Para Aristy Escuder, una evaluación seria no puede limitarse a los resultados de un año. Por eso situó su calificación entre 80 y 84 puntos y explicó que existen elementos positivos, algunos de carácter transitorio, pero también elementos negativos cuyos efectos pueden prolongarse sobre la economía dominicana.
Entre estos últimos señaló el desempeño del sector eléctrico y el costo que ha representado para las finanzas públicas. Sostuvo que el problema se ha agravado porque no se realizaron oportunamente las inversiones necesarias en generación, lo que ha obligado a contratar energía a costos elevados.
Grisanti presentó una valoración más favorable. Dijo que la nota del último año ha venido mejorando y que ese período ha sido “bastante mejor” que los años anteriores, especialmente frente a los errores que, según su apreciación, se cometieron al final de 2024 y durante 2025.
Su explicación es que durante este período se corrigieron decisiones que calificó como desaciertos de la etapa anterior. A esto añadió que la economía pasó por una desaceleración que ahora está siendo acompañada por un fuerte crecimiento de la inversión pública, lo que está ayudando a dinamizar la actividad y debería terminar teniendo un impacto sobre el bolsillo de los dominicanos.
Ysrael Abreu tuvo una lectura mucho más crítica, tomando en cuenta que al evaluar los seis años de Gobierno, afirmó que no le daría más de 60 puntos. Su argumento parte de que el Estado es elegido para enfrentar los incidentes y riesgos que pueden afectar a la economía, tanto internos como internacionales, y para facilitar el desarrollo económico y humano. A su juicio, el Gobierno tenía tres posibilidades frente a las distorsiones existentes: eliminarlas, crear nuevas distorsiones o mantenerlas. Sostuvo que una de las expectativas con las que llegó la administración de Abinader era precisamente eliminar las distorsiones existentes y facilitar el funcionamiento de la economía.
Respecto a la recuperación económica, Aristy Escuder recordó que el país creció a un promedio de 5.5% entre 2012 y 2019, mientras que entre 2020 y 2025 el crecimiento promedio fue de 3.2%.
Para 2026 observa una aceleración, pero advierte que el comportamiento ha sido irregular… períodos en los que la economía sube a 5%, luego baja a 2%, vuelve a subir y vuelve a bajar. En el año actual se observa una aceleración.
Destacó el “empuje extraordinario” de la construcción después de cinco trimestres consecutivos de variaciones negativas. Según explicó, la recuperación está relacionada con cambios en el proceso de otorgamiento de permisos de construcción luego de que el sector privado planteara que la permisología estaba dificultando el inicio de nuevos proyectos.
Aristy señaló que, después de esas recomendaciones, aumentó en 80% la cantidad de permisos durante los primeros seis meses del año frente a los seis meses anteriores y que el nivel de inversión se incrementó en más de 150%.
Estimó que esos nuevos permisos están asociados con unos RD$330,000 millones en recursos que serían invertidos en nuevos proyectos.
Pero advirtió que la construcción no es suficiente para sostener por sí sola el crecimiento. Por eso, aunque los indicadores muestran una expansión de alrededor de 4.5%, una parte de la población no percibe esa mejoría en sus ingresos.
La interrogante sobre por qué la gente no siente la expansión económica llevó a Abreu a cuestionar la forma en que se distribuye el crecimiento. El economista sostuvo que existen serias distorsiones relacionadas con el cálculo del producto interno y recordó que el crecimiento económico no funciona como una transferencia automática de dinero a los hogares. “La responsabilidad del Gobierno es lograr que ese crecimiento sea redistribuido de la manera más justa posible”, apuntó, en respuesta a una de las preguntas formuladas por Katherine Hernández, quien dirigió el panel.
Desde la perspectiva de Abreu, el mecanismo más efectivo para lograr crecer es el empleo formal y bien remunerado. Desde su óptica, el empleo formal no puede crearse simplemente mediante un decreto presidencial. Tampoco un decreto que ordene aumentos salariales resuelve el problema estructural.
Indicó que la economía crece, pero los ciudadanos se quejan de que los precios de los alimentos, el transporte y otros bienes básicos siguen subiendo, y que los salarios no alcanzan para cubrir la canasta familiar. En ese sentido, consideró que las políticas públicas deben enfocarse en mejorar el poder adquisitivo de los hogares y en fortalecer el empleo formal, como vía para que los beneficios del crecimiento lleguen a la población.