APUNTE.COM.DO.- El comportamiento de los precios internacionales del petróleo continúa ejerciendo presión sobre la economía dominicana, un escenario que podría traducirse en mayores costos para los combustibles, el transporte, la generación eléctrica y otras actividades productivas, debido a la alta dependencia del país de las importaciones de hidrocarburos.

El mercado petrolero mostró volatilidad este martes, con el crudo Brent superando los US$88 por barril, impulsado por tensiones geopolíticas y la incertidumbre en torno al tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte de petróleo a nivel mundial.

Para República Dominicana, cualquier aumento sostenido del precio internacional representa un desafío adicional, ya que el país importa prácticamente la totalidad del petróleo y sus derivados que consume.

El impacto más inmediato se refleja en los precios de las gasolinas y el gasoil. Para la semana del 8 al 14 de agosto, el Gobierno dispuso un reajuste de varios combustibles y destinó RD$931.79 millones en subsidios para amortiguar el efecto de las cotizaciones internacionales sobre los consumidores.

Esta medida forma parte de una política orientada a evitar que las fluctuaciones internacionales se trasladen de manera abrupta al mercado local y afecten el costo del transporte y de otros bienes y servicios. Durante la primera semana de agosto, el Gobierno había destinado RD$1,369.3 millones para mantener sin variación los precios de los combustibles ante el incremento de las cotizaciones internacionales.

Un petróleo más caro tiene efectos que van más allá de llenar el tanque de un vehículo. El aumento del costo de los combustibles puede elevar las tarifas del transporte de pasajeros y mercancías, así como los costos de producción y distribución de alimentos y otros bienes. También puede generar presiones sobre la inflación, especialmente si el encarecimiento del transporte se traslada a los precios finales que pagan los consumidores. Este impacto resulta particularmente relevante para una economía como la dominicana, donde una parte importante de las actividades productivas depende directa o indirectamente del transporte terrestre.

El incremento de los precios internacionales también representa una presión para las finanzas públicas cuando el Gobierno decide subsidiar los combustibles para evitar aumentos mayores al consumidor. El Estado ya ha destinado miles de millones de pesos durante 2026 para contener las alzas, recursos que deben ser considerados dentro de las prioridades presupuestarias nacionales. En mayo, el subsidio acumulado a los combustibles había alcanzado RD$18,458.2 millones. Esto plantea un desafío para las autoridades: mantener mecanismos de protección para los hogares y sectores productivos más vulnerables sin generar una carga fiscal excesiva.

La evolución de los precios del petróleo continuará dependiendo de factores como los conflictos geopolíticos, la producción mundial, la demanda, las decisiones de los principales países productores y las condiciones de las rutas internacionales de transporte. Para República Dominicana, una eventual reducción sostenida del precio del crudo significaría un alivio para las cuentas públicas, los consumidores y las empresas. En cambio, un período prolongado de precios elevados podría aumentar las presiones sobre los combustibles, el transporte, la inflación y el gasto estatal.

El desafío para el país consiste en administrar esta volatilidad sin perder de vista la necesidad de fortalecer la eficiencia energética, diversificar la matriz de generación y reducir gradualmente la vulnerabilidad que representa la dependencia de los combustibles importados.