APUNTE.COM.DO.- El 22 de agosto de 1968, Pablo VI aterrizó en el Aeropuerto El Dorado de Bogotá y se convirtió en el primer pontífice en pisar suelo latinoamericano. Dos millones de personas se agolparon a lo largo de la carretera que unía el aeropuerto con la catedral de la Plaza de Bolívar. La imagen del Papa besando el suelo colombiano al bajar del avión circuló por todo el mundo y marcó el inicio de una relación que, durante más de cinco décadas, los pontífices que lo sucedieron sostuvieron y profundizaron con el continente que concentra la mayor cantidad de fieles católicos del planeta.
Cada visita papal a América Latina reflejó el pulso de su época: dictaduras militares, guerras, procesos de paz, crisis de fe, escándalos internos y transformaciones sociales. Los papas llegaron a la región con mensajes distintos, pero con una constante: el peso simbólico y político de su presencia siempre superó los límites estrictamente religiosos.
Pablo VI fue el primer pontífice en visitar América Latina (Vatican News)
El viaje de Pablo VI a Colombia duró apenas 72 horas, pero su agenda incluyó cerca de 20 encuentros. El motivo formal era inaugurar el XXXIX Congreso Eucarístico Internacional y abrir la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Pero fue su encuentro con los campesinos en Mosquera el que dejó una huella más duradera.
Ante 300.000 trabajadores de la tierra, el papa Montini pronunció palabras que ningún pontífice había dirigido antes directamente a ese público: "Conocemos sus condiciones de vida: son para muchos de ustedes condiciones miserables, a menudo inferiores a las necesidades normales de la vida humana. Ahora nos escuchas en silencio: pero nosotros escuchamos más bien el grito que se eleva de sus sufrimientos y los de la mayoría de la humanidad". A los sectores de poder, en cambio, les exigió que abandonaran su "posición estática, que puede ser o parecer privilegiada", y se pusieran "al servicio de los que necesitan su riqueza".
El viaje de Pablo VI a Colombia duró apenas 72 horas pero su agenda incluyó cerca de 20 encuentros (Vatican News)
El viaje se produjo en plena efervescencia de la Teología de la Liberación, una corriente que sacudía a la Iglesia latinoamericana y que buscaba articular el mensaje evangélico con la lucha contra la pobreza y la injusticia. Pablo VI no se alineó con esa corriente, pero tampoco la ignoró: su mensaje fue claro respecto al camino que debía seguir la Iglesia. "Ni el odio, ni la violencia son la fuerza de nuestra caridad", le dijo a los obispos del continente reunidos en la II Asamblea General del CELAM. La austera figura del Papa del Concilio Vaticano II, que había cruzado el Atlántico por primera vez, se transformó en tres días en la de un líder cercano y familiar para los colombianos.
Juan Pablo II en Buenos Aires, Argentina, en 1982
Ningún pontífice antes ni después igualó la presencia de Juan Pablo II en América Latina. A lo largo de su pontificado —el tercero más extenso de la historia de la Iglesia Católica— realizó 18 viajes apostólicos a la región, que incluyeron 26 visitas a distintos destinos, y recorrió más de 20 países. Él mismo la bautizó como "el continente de la esperanza" durante su primer viaje internacional, en enero de 1979, cuando recorrió la República Dominicana y México. Su llegada a territorio mexicano rompió esquemas: era la primera vez que un papa pisaba ese país, donde la Constitución prohibía las manifestaciones religiosas en espacios públicos, y aun así las multitudes desbordaron las calles.
México y Brasil fueron sus destinos más frecuentes: visitó el primero en cinco oportunidades y el segundo en cuatro. Argentina, Perú y Uruguay recibieron al papa polaco en dos ocasiones cada uno. Sus viajes no se limitaron a los países más grandes: Juan Pablo II recorrió naciones pequeñas, comunidades remotas y escenarios de conflicto, siempre con la convicción de que la presencia física del papa tenía un efecto que ningún documento vaticano podía replicar.
El papa Juan Pablo II permanece de pie en un coche descapotable bajo la lluvia mientras llega para saludar a miles de personas reunidas frente a la Basílica de Luján, Argentina, la tarde del viernes 11 de junio de 1982 (AP Photo/Mark Foley)
Su relación con Argentina ilustra bien esa lógica. Llegó por primera vez en junio de 1982, en plena guerra de las Malvinas, en una visita de emergencia que interrumpió una gira europea. El objetivo era único: pedir el cese del enfrentamiento armado entre Argentina y el Reino Unido. Fue un gesto de mediación sin precedentes, y su sola presencia en Buenos Aires en ese momento tuvo una resonancia política que trascendió largamente el ámbito religioso. Regresó en abril de 1987 con un perfil más pastoral: presidió la II Jornada Mundial de la Juventud en la capital y recorrió Paraná, Rosario, Córdoba y Mendoza.
En Cuba, su visita de 1998 abrió un capítulo inédito. Fue el primer papa en llegar a la isla caribeña, y desde allí lanzó una frase que resumió su postura: pidió que "el mundo se abra a Cuba y Cuba se abra al mundo". El viaje generó un canal de diálogo entre la Iglesia y el Estado cubano que ninguna gestión diplomática había logrado abrir antes. Fidel Castro lo recibió personalmente, y las imágenes del líder de la Revolución junto al papa polaco dieron la vuelta al mundo.
Juan Pablo II junto a Fidel Castro en Cuba en 1998 (AP)
A lo largo de todos sus viajes latinoamericanos, Juan Pablo II mantuvo una postura de equidistancia política: rechazó las dictaduras militares de derecha que habían asolado el continente durante los años 70 y 80, y se distanció también de la Teología de la Liberación de corte marxista, a cuyos exponentes más radicales l


