El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó este martes que el estrecho de Ormuz permanece abierto al tráfico marítimo y que Washington participa en las negociaciones entre Irán y Omán para garantizar el paso seguro de más embarcaciones por esa vía estratégica.
“Creo que existe un proceso de diálogo y negociación entre Omán e Irán, en el que participamos, para determinar cómo lograr que más buques puedan transitar con seguridad a corto plazo, mientras avanzamos hacia conversaciones de mayor alcance sobre la desnuclearización”, declaró Rubio durante un encuentro en Washington con el canciller paraguayo, Rubén Ramírez Lezcano.
“Hay barcos y petróleo transitando por el estrecho en este preciso momento, por lo que la vía permanece abierta”, aseguró el jefe de la diplomacia estadounidense. Rubio sostuvo que se han registrado avances en las conversaciones, aunque todavía no existe una conclusión definitiva.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, había adelantado horas antes que Washington y Teherán podrían alcanzar un acuerdo inminente, posiblemente en las siguientes horas, para reabrir el tránsito comercial por Ormuz. Rubio, por su parte, expresó ante la prensa su expectativa de que ese entendimiento se concrete “muy pronto”, con la desnuclearización iraní como objetivo final del proceso.
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo y constituye uno de los corredores energéticos más relevantes del mundo, por el que circula una porción sustancial del petróleo y el gas natural licuado que se comercializa globalmente. Cualquier alteración en su funcionamiento repercute de inmediato en los mercados internacionales de energía.
La vía marítima quedó bloqueada en gran medida por Irán desde el 28 de febrero de este año, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea sorpresiva contra territorio iraní que dio inicio a una guerra abierta entre ambos bandos. Irán respondió con ataques de misiles y drones contra Israel y contra bases militares estadounidenses en varios países del golfo Pérsico.
El 17 de junio, Donald Trump y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, firmaron un memorando de entendimiento orientado a poner fin a las hostilidades y a los bloqueos del estrecho. Sin embargo, la tregua resultó frágil: la reanudación de ataques israelíes en el sur del Líbano llevó a Irán a declarar días después que volvía a cerrar la vía marítima, una afirmación que el Ejército estadounidense desmintió.
Trump suspendió el fin de semana pasado un ataque contra Irán que había descrito como el mayor “desde la Segunda Guerra Mundial”, con el fin de dar margen a una nueva ronda de negociaciones prevista para el lunes, que finalmente Teherán no confirmó. El mandatario acusó entonces a Irán de actuar con “hipocresía” y advirtió a la República Islámica de que enfrentaba la “última oportunidad” para firmar un acuerdo.
Según explicó Trump, el proceso negociador contempla dos fases diferenciadas: una primera centrada en la reapertura plena del estrecho de Ormuz al tráfico comercial, y una segunda orientada a la desnuclearización de Irán, con la que Washington busca poner fin definitivo al conflicto.
La disputa por el control de Ormuz se enmarca en un conflicto que, según cálculos difundidos por organizaciones humanitarias y medios internacionales, ha provocado miles de víctimas civiles en Irán y en Líbano, además del desplazamiento de más de un millón de personas desde su estallido en febrero.
El respaldo de dos funcionarios de primer nivel, el Departamento de Estado y el Tesoro, a la posibilidad de un acuerdo inminente sugiere que la Casa Blanca prioriza en esta etapa la normalización del tránsito marítimo antes que una resolución integral sobre el programa nuclear iraní. La brecha entre ambas fases seguirá determinando el ritmo de una negociación que, hasta ahora, ha avanzado con más anuncios que resultados verificables sobre el terreno.