Rusia ha intensificado discretamente la expansión de su flota de buques gaseros con el objetivo de sostener sus exportaciones de gas natural licuado (GNL) frente a las restricciones impuestas por Occidente, según reveló el diario Financial Times. Esta estrategia cobra relevancia ante la decisión de la Unión Europea de prohibir por completo la importación de GNL ruso a partir de 2027, un mercado del que depende significativamente, ya que los países del bloque adquirieron casi la totalidad de la producción de la planta siberiana de Yamal durante el primer semestre de este año.
De acuerdo con la firma de datos marítimos Windward, citada por el medio británico, al menos ocho tanqueros de GNL de segunda mano fueron vendidos y utilizados en los últimos seis meses para transportar cargamentos rusos, lo que eleva a 25 el número de buques en esta flota. Entre ellos se incluyen dos naves nuevas construidas en el astillero ruso de Zvezdá: el Alekséi Kosygin, que ha estado transportando cargamentos del sancionado proyecto Ártico LNG 2 desde diciembre, y el Konstantín Posiet, bautizado recientemente.
Cuatro de los buques adquiridos por Rusia han transportado volúmenes desde terminales que manejan GNL sujeto a sanciones occidentales, según datos de Kpler analizados por el Financial Times. Todos navegan actualmente bajo bandera rusa y han sido rebautizados con nombres como Kosmos, Orión, Merkuri y Luch.
Esta estrategia replica el modelo que Rusia ya emplea con su "flota oscura" de petroleros, que supera los 1.000 barcos, para eludir las sanciones occidentales sobre el crudo. Irina Mirónova, investigadora sénior del New Energy Advancement Hub, calificó el fenómeno de "único", señalando que aunque hubo precedentes en Irán y Venezuela, ningún otro país había alcanzado ese nivel de avance tecnológico en producción de gas al momento de ser sancionado.
Los tanqueros de esta flota gasera pertenecen en su mayoría a empresas fantasma radicadas en Dubái, Hong Kong y Singapur, y navegan bajo banderas de conveniencia. Para disimular el origen de la carga, recurren a la interferencia de señales y a transferencias buque a buque.
Sin embargo, replicar el modelo petrolero con gas es considerablemente más complejo. Septimus Knox, director de la firma de inteligencia S-RM, explicó que "la ejecución es mucho más difícil por la naturaleza del transporte de GNL. Hay menos buques y se requiere infraestructura más específica y escasa". Los buques gaseros cuestan unos 300 millones de dólares y necesitan sistemas de contención complejos para mantener el gas líquido a -162°C. Dado que las principales plantas rusas están en el Ártico, también se requieren buques de clase hielo durante gran parte del año.
China es actualmente el único comprador de la producción sancionada de Ártico LNG 2. Once buques, con una antigüedad promedio de diez años, transportan esos volúmenes hacia terminales flotantes desde donde se transfieren a tanqueros convencionales. Todos están bajo sanciones de Estados Unidos, y la empresa privada Novatek se ha convertido en propietaria o fletadora de casi todos en los últimos dos años.
Novatek domina el sector del GNL ruso: su planta de Yamal, junto con la sancionada Ártico LNG 2, produce más del 65% del total nacional, según el organismo estadístico ruso, mientras que el proyecto Sajalín-2, de la estatal Gazprom, aporta otro 30%. Buena parte de los volúmenes no sancionados todavía viaja en buques fletados a navieras internacionales como la griega Dynagas o la japonesa Mitsui OSK, pero la ola de restricciones ha obligado a Moscú a diversificar sus opciones.
El ritmo de expansión podría enfrentar pronto una barrera técnica. Navin Kumar, de la consultora Drewry, señaló que Rusia podría tener dificultades para seguir construyendo sus propios buques, ya que la empresa francesa GTT mantiene un cuasi monopolio sobre los sistemas de contención especializados y suspendió sus contratos con Rusia en 2023 por las sanciones europeas. Incluso si Moscú desarrollara tecnología propia, necesitaría aprobaciones de organismos internacionales, un proceso que Kumar calificó de "largo y complejo". Otros cuatro buques se construyen actualmente en Zvezdá, mientras seis embarcaciones de clase hielo permanecen bloqueadas para su entrega en el astillero surcoreano Hanwha.
Esa limitación empuja a Rusia hacia el mercado de segunda mano, donde ya compite con otros actores. Carl-Antoine Saverys, director ejecutivo de la naviera gasera Exmar, que reconvierte tanqueros usados en unidades de almacenamiento flotante, dijo: "Hay muchos buques antiguos saliendo al mercado, y sí creo que una parte de ellos terminará en la flota rusa".
La semana pasada, la Unión Europea dispuso que la venta de tanqueros de GNL a ciudadanos rusos deberá notificarse a Bruselas, aunque, tras la presión de Grecia, evitó prohibir el transporte de gas ruso en buques comunitarios hacia terceros países.