Con el gasto en bebidas alcohólicas en mínimos históricos de casi cuatro décadas, los jóvenes de entre 18 y 29 años están transformando las salas de musculación y los clubes de carrera en su nuevo punto de encuentro social.

Imaginen un viernes por la tarde en el corazón de cualquier gran urbe. Si retrocediéramos diez años, lo habitual a partir de las ocho sería ver locales llenos, filas para entrar a bailar y a jóvenes de veinte años disfrutando de las primeras bebidas de la noche.

Sin embargo, el paisaje urbano actual muestra una estampa muy distinta. Ahora, las recepciones de los centros deportivos se llenan de jóvenes equipados con ropa técnica que conversan de forma distendida, batido de proteínas o bebida isotónica en mano, antes de comenzar su clase de entrenamiento funcional.

Para una parte cada vez más importante de la generación Z y de los “millennials”, dar la bienvenida al fin de semana ya no implica pedir una ronda de chupitos. En su lugar, el plan estrella es levantar peso o completar una carrera de diez kilómetros.

Esta evolución en las costumbres va más allá de una tendencia pasajera o de un mero interés por la estética: se trata de una transformación social y económica profunda que ya analizan de cerca los sectores del bienestar, el ocio y la industria de las bebidas alcohólicas.

Porque las nuevas generaciones han decidido bajarse del taburete para agarrar la barra de pesas, transformando no solo el cuidado de su salud física, sino también el modo en que interactúan, hacen amigos y construyen su identidad en sociedad.

Menos copas, más pesas: la radiografía financiera del cambio.

Esta transición de hábitos no solo es visible en las calles, sino también en los gastos y facturas. Un informe del Bank of America Institute revela que el gasto destinado a la compra de bebidas alcohólicas dentro del presupuesto familiar se mueve hoy en cifras que rozan los mínimos históricos de las últimas cuatro décadas.

El mismo estudio se apoya en los registros de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de Estados Unidos (SAMHSA) para ilustrar este declive: el número de personas entre los 21 y los 34 años que incurren en un consumo excesivo de alcohol se redujo en unos 4 millones en la década comprendida entre 2014 y 2024.

La tendencia es clara: mientras las ventas en establecimientos de licores, cerveza y vino retroceden de forma constante (con una caída del 5% interanual detectada a comienzos de 2026), el sector del “acondicionamiento físico” vive una época de bonanza.

De hecho, el informe del Bank of America Institute detalla que el desembolso en gimnasios, centros deportivos y actividades de ejercicio físico aumentó más de un 8% interanual entre los usuarios de tarjetas pertenecientes a la generación Z, y por encima de un 4% en el caso de los millennials.

La brecha generacional en este aspecto es evidente. Según un análisis demográfico de InvestorPlace, las familias encabezadas por jóvenes de la generación Z llegan a gastar hasta 2,8 veces más en mantenerse en forma que los hogares de la generación del baby boom.

Esta diferencia también se palpa en el día a día de las ciudades: desde 2021, la afluencia de personas a los centros de entrenamiento ha superado a la de los bares y locales nocturnos en un 22%.Para el 25% los

Para el 25% los "centennials", el entrenamiento y la salud son su principal prioridad financiar. EFE

Un mercado en movimiento: las cifras de un bienestar al alza.

Los informes de la consultora de investigación de mercados Mintel, confirman este viraje hacia un tiempo libre más dinámico: el 30% de los jóvenes estadounidenses de la generación Z ha aumentado el presupuesto que dedica a las mensualidades de gimnasios y a clases dirigidas en comparación con el año anterior.

Y este cambio de prioridades tiene una explicación clara para Claire Tassin, estratega principal de bienestar en Mintel, quien señalaba en Los Angeles Times: “Estamos viendo a los consumidores en general centrarse más en su bienestar... Pero la generación Z en particular está impulsando gran parte de esa energía”.

Para la experta, las salas de entrenamiento están asumiendo un rol social inédito, convirtiéndose en entornos donde “los gimnasios y estudios están llenando un vacío que antes ocupaban los bares, restaurantes e incluso las oficinas”.

Un comportamiento que impulsa un mercado global del bienestar al que la firma McKinsey & Company estima ya en 2.000 millones de dólares. Su informe Future of Wellness destaca que son precisamente las generaciones más jóvenes las que lideran el crecimiento de este sector.

Y es que, aunque los millennials y la generación Z suponen tan solo el 36% de la población adulta en Estados Unidos, concentran más del 41% del desembolso anual en salud y autocuidado.

De hecho, cerca del 30% de los encuestados de este grupo de edad asegura que ahora prioriza su salud “mucho más” que hace doce meses, un porcentaje que baja al 23% al analizar a las generaciones de mayor edad.

Amistad sin resaca: el deporte como el nuevo “tercer espacio”.

Para comprender las razones que llevan a un joven a costear una suscripción deportiva elevada antes que invertir ese dinero en copas el fin de semana, resulta clave analizar el concepto de “tercer espacio”.

Se trata de ese entorno ajeno al hogar y al trabajo donde las personas tejen su red de apoyo y comunidad. Si antes este papel recaía de forma casi exclusiva en el pub de barrio, la cafetería o la pista de baile, hoy son las salas de musculación y los grupos de corredores los que asumen el relevo.

Un estudio elaborado por la cadena europea The Gym Group confirma el peso de este factor social en el Reino Unido: tres de cada cuatro jóvenes de la generación Z realizan ejercicio físico como mínimo dos veces por semana.

En sintonía con esto, datos de consumo publicados por el diario City AM indican que un 25% de ellos sitúa la salud y el entrenamiento como su principal prioridad.Socializar en el gimnasio es una nueva forma de ocio cada vez más recurrente entre los jóvenes: el 51% logra hacer nuevas amistades entrenando.