APUNTE.COM.DO, Barcelona (EFE).- Las seis dioptrías de Xavier Pàmies pasaron de ser un problema de visión, como le pasa a gran parte de la población, a convertirse en una serie de complicaciones de retina y glaucoma que amenazaron su salud visual, en lo que se conoce como miopía magna y en la que es clave diagnosticar a tiempo.
«Hoy no pasaría la prueba si tuviera, por ejemplo, que conducir un camión de la basura, por la poca visión periférica que tengo», afirma Xavier a los periodistas en una consulta con sus doctoras de la Unidad de Miopía del Servicio de Oftalmología de Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, que desde 2024 trabaja en este tipo de casos graves de forma holística, aunando especialistas en retina y en glaucoma.
La prevalencia de la miopía no para de crecer y se ha convertido en una pandemia: si en el inicio del siglo, el 20 % de la población mundial era miope, en 2050 se espera que este porcentaje aumente al 50 %.
El paciente Xavier Pàmies, que sufre miopía magna, en la consulta con la oftalmóloga de Vall d’Hebron Marta Castany. EFE/Jordi Font
Alta prevalencia
Esta enfermedad oftalmológica, altamente prevalente, es un error refractario en el que, debido a una mayor longitud axial del globo ocular -desde la córnea (delante) hasta la retina (detrás)-, las imágenes se enfocan por delante de la retina y se vean mal los objetos lejanos.
Según el numero de dioptrías, se considera leve entre 0,5 y 3, moderada entre 3 y 6, y magnas por encima de las 6.
Son esas miopías magnas las que, sobre todo a partir de los 50 años, pueden evolucionar a otros problemas graves, esencialmente desprendimiento de retina y glaucoma (daño en el nervio óptico por alta presión, que puede causar pérdida de visión).
Eso le pasó a Xavier: «Es un largo recorrido que empieza en 2007 con un desprendimiento de retina, cuando estaba de vacaciones en verano, pero me lo pillaron a tiempo», ha rememorado el paciente.
Varios ejemplares de monturas de gafas graduadas. EFE/Everett Kennedy Brown
Años después, en plena pandemia del covid en 2020, Xavier detectoóque volvía a ver mal, pero al ir al oftalmólogo le diagnosticaron un glaucoma avanzado.
Le colocaron un drenaje para reducir la presión ocular que ha hecho que el glaucoma, una de las principales causas de pérdida de visión, esté controlado.
«Ya han pasado unos años y veo bastante bien», ha explicado Xavier, que puede hacer vida normal porque se dedica a la traducción, pero si tuviera que dedicarse a conducir de forma profesional no podría, ha admitido.
En la mitad de un ojo tiene poca visión mientras que, en el otro, el problema está en la visión periférica, ha explicado.
Unir fuerzas entre especialistas
La adjunta de oftalmología de Vall d’Hebron Marta Castany ha explicado por su parte que en 2024 crearon una Unidad de Miopía para «unir fuerzas» entre los especialistas de retina y glaucoma, con el fin de ofrecer a pacientes complejos un abordaje «más holístico».
Una persona se gradúa la vista en un centro óptico. EFE/ Jesus Diges
Castany, que es especialista en glaucoma, ha explicado que las complicaciones de retina «son muy evidentes» y los pacientes «enseguida se quejan», pero en cambio «el glaucoma pasa desapercibido hasta etapas avanzadas».
Así, el objetivo de la unidad es «detectarlo antes, cuando no sea terminal, para que no pierdan la vista».
«No evitamos las complicaciones, que las habrá, pero mejoramos la detección y un tratamiento precoz, con lo que el paciente está mejor orientado y no pasa desapercibida la patología», ha detallado Castany.
La Unidad de Miopía de Vall d’Hebron está ubicada en el Parque Sanitario Pere Virgili de Barcelona y dispone de 500 metros cuadrados, con siete consultas.
Desde que se puso en marcha en 2024 para personas con más de seis dioptrías y una longitud axial superior a 26 milímetros, ha atendido a más de 200 pacientes. EFE
