APUNTE.COM.DO, Ciudad del Vaticano.- El papa León XIV rindió homenaje este sábado a los migrantes fallecidos en la ruta del Mediterráneo central durante su visita a la isla italiana de Lampedusa, en la que también evocó el legado de su predecesor, Francisco, en la atención a esta crisis humanitaria.

La pequeña isla del sur de Italia, situada en pleno Mediterráneo central, es desde hace años uno de los principales puntos de llegada para miles de personas que intentan alcanzar Europa desde las costas del norte de África.

Sin embargo, 1.397 personas murieron o desaparecieron en el Mediterráneo durante el primer semestre de 2026, frente a las 851 registradas en el mismo periodo del año anterior.

León XIV: los migrantes muertos también son víctimas de «decisiones omitidas»

El papa León XIV aseguró que los miles de muertos registrados en el mar Mediterráneo son víctimas tanto de «decisiones tomadas» como de «decisiones omitidas», y denunció la indiferencia ante el drama migratorio.

Durante la homilía de la misa celebrada en la isla italiana, el pontífice trazó un paralelismo entre la parábola evangélica del buen samaritano y la actual crisis humanitaria en el Mediterráneo, al denunciar que la indiferencia, los intereses económicos y la ausencia de políticas eficaces perpetúan el sufrimiento de quienes intentan alcanzar Europa.

«El desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de proveniencia, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio», afirmó.

Añadió que también contribuyen «el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros, el paso lento y difícil de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas», todo lo cual reproduce, hoy, el apresurado «pasar de largo» del relato evangélico.

León XIV, ataviado con una casulla con toques azules que evocaban las olas del mar y que quiso «seguir las huellas del papa Francisco», quien eligió Lampedusa para su primer viaje apostólico el 8 de julio de 2013, agradeció a los habitantes de la isla su labor de acogida.

«He venido a agradecerles, hermanos y hermanas de Lampedusa, por la proximidad que muchos entre ustedes han decidido ejercitar», dijo.

El obispo de Roma aseguró que Lampedusa y la vecina Linosa «se encuentran en un camino peligroso, como el que bajaba de Jerusalén a Jericó», donde «no solo han visto uno, sino a miles de seres humanos caídos en manos de bandidos que los despojan de todo».