APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -En política las imágenes hablan, pero no siempre cuentan toda la historia. Muchas veces,
quienes observan desde fuera terminan viendo lo que desean ver y no lo que realmente ocurre.
Eso, a mi juicio, ha sucedido con la reunión a puerta cerrada celebrada en un hotel de la capital y
con la llegada conjunta de los ministros y precandidatos presidenciales David Collado y Eduardo
Sanz Lovatón (Yayo), al encuentro del Comité Nacional del PRM el pasado domingo.
Desde que esas imágenes se hicieron públicas comenzaron las especulaciones, algunos
interpretaron el encuentro como el preludio de una declinación de aspiraciones; otros lo
presentaron como una negociación política de última hora. En mi opinión, ambas
interpretaciones están equivocadas.
Lo ocurrido responde, ante todo, al reencuentro personal y familiar de dos hombres que
mantienen una relación de hermandad construida durante años y que, naturalmente, también
tiene implicaciones políticas. Confundir esa cercanía con una renuncia a sus respectivos
proyectos presidenciales es desconocer la realidad interna del Partido Revolucionario Moderno.
David Collado continúa concentrado en fortalecer su proyecto presidencial con el capital político
que ha construido a través de su gestión pública. Del mismo modo, Eduardo Sanz Lovatón sigue
desarrollando su propia estructura y consolidando un liderazgo que gana espacio dentro y fuera
del PRM. Ninguno de los dos, según mi análisis, ha dado señales de abandonar sus
aspiraciones. Ahora bien, la política también enseña que los proyectos inteligentes saben
reconocer el momento en que la unidad produce más resultados que la competencia. Y es
precisamente ahí donde, a mi entender, podría estar la verdadera fortaleza de ambos dirigentes.
Conozco la relación que existe entre David y Yayo. He sido testigo presencial, ocular y de
excepción de esa amistad en diferentes momentos. Esa experiencia me permite sostener que, si
en algún instante las circunstancias políticas demuestran que ninguno puede alcanzar por
separado la candidatura presidencial del PRM, no me sorprendería verlos converger en un solo
proyecto. No sería una derrota para ninguno, sino más bien una demostración de madurez
política, inteligencia estratégica y visión de poder.
Las grandes victorias electorales no siempre las obtiene quien posee más recursos o mayor
exposición mediática. Muchas veces las alcanza quien sabe construir alianzas, administrar egos
y colocar el interés colectivo por encima de las ambiciones individuales.
El 2028 aún está lejos, pero el tablero ya comenzó a moverse. Mientras algunos analizan
fotografías y construyen teorías apresuradas, otros fortalecen relaciones, consolidan estructuras
y preparan escenarios.
En política, las coincidencias casi nunca existen. Sin embargo, tampoco toda reunión significa
rendición ni toda fotografía anuncia una declinación. A veces, simplemente refleja que dos
líderes entienden que, para ganar el futuro, primero hay que preservar la confianza entre quienes
comparten una misma visión.