APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -En política no existen milagros ni victorias regaladas. El poder no se hereda por
decreto, no se presta por simpatía ni se alquila por conveniencia. El poder se
conquista en las calles, en las bases, en el contacto permanente con la gente y en
el trabajo político incansable.
La oposición dominicana debe entender una realidad elemental: el desgaste de un
gobierno no garantiza automáticamente el triunfo de quienes adversan. Creer que
el pueblo entregará el poder por simple descontento es un error histórico y una
peligrosa fantasía política.
Si la oposición quiere ganar las elecciones del 2028, tendrá que fajarse a trabajar
desde ahora. Deberá recorrer barrios, campos y provincias; escuchar al pueblo,
construir propuestas creíbles y reconectar con una ciudadanía cansada de
discursos vacíos y promesas recicladas e incumplidas.
Los partidos no se fortalecen únicamente en redes sociales ni en estudios de
televisión. Se robustecen organizando estructuras, defendiendo causas, formando
líderes y acompañando a la población en sus problemas reales. El poder se gana
con sacrificio, disciplina, estrategia y presencia constante.
La historia dominicana demuestra que ningún liderazgo llega solo al Palacio
Nacional. Todos los que han alcanzado la Presidencia de la República tuvieron
detrás años de trabajo constante, alianzas, construcción política y conexión con las
necesidades populares.
El 2028 no será una competencia de improvisados ni de cómodos observadores
esperando que el gobierno se derrumbe solo. Será una batalla política donde
sobrevivirá y triunfará quien mejor interprete el sentimiento nacional y quien más
trabaje por conquistar la confianza del pueblo dominicano.
En el ambiente político nacional estamos viendo varios proyectos presidenciales
creando ilusionismo, falsas expectativas y percepciones coyunturales que no se
corresponden con el sentir del electorado nacional, apoyándose en encuestas
pagadas, medios de comunicación afines y tendencias en redes sociales utilizando
algoritmos y bots para proyectar ante la opinión pública un posicionamiento que no
poseen, comportamiento este que los llevará sin dudas a un matadero electoral.
Porque al final, en democracia, el poder pertenece a quien se lo gana. Y para
ganárselo, hay que “sudar la gota gorda”.