APUNTE.COM.DO, REDACCION INTERNACIONAL. -Especialistas en psicología del desarrollo aseguran que muchos niños criados durante las décadas de 1960 y 1970 aprendieron a manejar mejor sus emociones gracias a una infancia con más independencia y menos supervisión adulta.

Según diversos estudios, enfrentar conflictos cotidianos, tolerar el aburrimiento y resolver problemas sin ayuda constante permitió desarrollar habilidades como el autocontrol, la tolerancia a la frustración y la capacidad de adaptación.

La psicóloga Diana Baumrind identificó distintos estilos de crianza y explicó que, en aquellas décadas, muchos menores crecieron en entornos donde debían asumir responsabilidades desde temprana edad. Caminar solos a la escuela, organizar juegos y solucionar discusiones sin intervención adulta eran situaciones comunes.

Por su parte, el psicólogo Peter Gray señaló que el llamado “juego libre” ayudó a fortalecer habilidades emocionales y sociales esenciales para la vida adulta.

Las investigaciones también mencionan el concepto de “locus de control”, estudiado por la psicóloga Jean Twenge, relacionado con la percepción de control sobre la propia vida. Los estudios sugieren que las generaciones con mayor autonomía desarrollaron una sensación más fuerte de capacidad personal.

Aunque los expertos reconocen que ese modelo de crianza también tuvo aspectos negativos, consideran que muchas de esas experiencias funcionaron como un entrenamiento emocional que fortaleció la resiliencia desde la infancia.