APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -En política, como en la vida, hay errores que cuestan caro… y hay otros que pueden significar la
destrucción total de un proyecto, de un liderazgo y hasta de una generación política completa. Y
eso es exactamente lo que algunos dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM)
parecen no entender cuando, desesperados y nerviosos por el futuro electoral del 2028,
comienzan a promover una posible alianza con el expresidente Danilo Medina y el Partido de la
Liberación Dominicana (PLD). Eso no es estrategia, eso son “patadas de ahogado”, y para el que
no lo entienda, una “patada de ahogado” es el movimiento desesperado de quien siente que se
hunde y, sin saber nadar, comienza a manotear sin control tratando de salvarse, aunque en el
fondo sepa que probablemente ya está perdido. Eso es lo que veo hoy en sectores del PRM:
miedo, inseguridad y desesperación.


Pretender aliarse con Danilo Medina Sánchez demuestra que no conocen realmente al personaje
con el que están jugando. Danilo no es un político que olvida, es un hombre calculador, frío,
disciplinado y profundamente rencoroso en el ajedrez del poder político. Un hombre que jamás
perdonará la humillación política, judicial y moral que vivieron él, sus familiares y sus
colaboradores más cercanos tras la llegada del PRM al gobierno.


Creer que Danilo se sentará sonriente a construir una alianza sincera con Luis Abinader, José
Ignacio Paliza, Carolina Mejía, Deligne Ascención y la dirección perremeísta, es vivir
desconectados de la realidad política dominicana. Danilo Medina no funciona con
sentimentalismo, funciona con memoria. Si algún día Danilo encuentra la mínima oportunidad de
regresar al poder, directa o indirectamente, no tengan dudas: buscará cobrar cada factura
pendiente. Porque en política las heridas del poder no cicatrizan, se acumulan silenciosamente
hasta que llega el momento de la venganza.


Por eso les digo a muchos dirigentes del PRM: tengan cuidado con jugar a los pactos
desesperados y a las alianzas antinaturales. No olviden que la guerra entre Danilo Medina y
Leonel Fernández comenzó como una lucha de egos, luego fue por el control absoluto del PLD y
finalmente terminó siendo una batalla brutal por el poder del Estado.


Hoy, aunque ambos aparenten recorrer caminos separados, los une algo mucho más fuerte: la
necesidad de volver al poder. Y cuando el poder se convierte en obsesión, los enemigos o
adversarios de ayer pueden convertirse en socios y aliados de mañana.


No subestimen la capacidad del danilismo y del leonelismo de reencontrarse políticamente si
entienden que el verdadero enemigo común es el PRM. Porque si algo ha demostrado la historia
política dominicana es que las alianzas más peligrosas son aquellas construidas sobre el odio, la
sed de revancha y el interés de supervivencia.


Muchos dentro del PRM creen que están jugando ajedrez político… pero en realidad podrían
estar cavando su propia tumba y preparando su cementerio personal. Porque quien juega con
fuego termina quemándose, y quien se acuesta confiado con su adversario histórico, muchas
veces amanece políticamente degollado.


El poder no se regala, se defiende… Y el PRM debe decidir si quiere preservar su futuro político
o convertirse en víctima de sus propias “patadas de ahogado”.