APUNTE.COM.DO, En Santo Domingo. - Este observamos con lupa, como  grupos políticos  desplazados se han dedicado a  invertir en instalar una curiosa maquinaria política y social con el objetivo de convertir  toda acción positiva realizada por la alcaldía de SDE en objeto de descrédito.

No importa qué se haga. Si el alcalde rescata un parque abandonado, surgen voces afirmando que “eso es para buscar cámara”. Si se destapan imbornales para evitar inundaciones en temporada de lluvias, entonces “es un show mediático”.

Si organiza competencias deportivas para alejar jóvenes de las calles, “es populismo”. Si gradúa niños preparados para hablar inglés, tocar instrumentos musicales y practicar deportes, “es propaganda”.

La escena se repite una y otra vez. Se construyen aceras y contenes: “eso es campaña”.  Se entrega asistencia solidaria a familias vulnerables: “es buscando simpatías”. Se interviene el tránsito caótico: “es figureo”. Se enfrenta el desorden migratorio o se detienen indocumentados haitianos frente a unidades del transporte público: “es oportunismo político”.

A todo, sus tentáculos mediáticos le dan una lectura negativa. Todo debe ser sospechoso. Todo debe esconder alguna intención oscura. Y entonces surge una pregunta inevitable:

Durante años, los ciudadanos reclamaron: - calles limpias, - parques recuperados, - orden vial, - apoyo a la juventud, - actividades culturales, - atención social, - rescate de espacios públicos, - y control del caos urbano.  Sin embargo, cuando esas acciones comienzan a ejecutarse y además son visibles, aparece otra narrativa: “todo es marketing”.

La lógica parece ser: “Palo si boga y palo si no boga”. Estos sectores interesados, que fueron desplazados del poder municipal, unos. Y otros que pretenden conquistarlo, ante tantos logros de la actual administración,  han convertido el ataque constante en una estrategia política y mediática permanente, creyendo que la mentira le pavimenta las posibilidades de volver o conquistar  la alcaldía, ignorando que la sociedad observa y nota la diferencia.

Para ellos, ninguna acción institucional puede tener valor propio si produce aprobación ciudadana. Un alcalde como Dio Astacio,  que organiza la ciudad, rescata espacios públicos y ejecuta programas sociales inevitablemente generará reconocimiento social. No porque manipule emocionalmente a la gente, sino porque la ciudadanía valora las mejoras concretas en su vida cotidiana.  ¡Es una lástima! Pero –pensando en la sociedad- deben elevar el nivel de la política, para que sean parte del futuro, no atrabancos reproductores del pasado que la sociedad anhela superar.

Cuando se inaugura un parque, se limpia una cañada o se gradúan jóvenes en programas educativos y deportivos, no solo se ejecuta una obra o actividad: también se transmite un mensaje social.

Se inspira participación ciudadana. Se fortalece la identidad comunitaria. Se genera confianza institucional. Y se construye esperanza colectiva. No todo acto público es manipulación. Muchas veces es simplemente transparencia y cercanía con la gente.

El problema de fondo detrás de estas críticas,  lo que realmente preocupa a algunos sectores es el impacto político positivo que genera una gestión activa y visible.  Porque cuando un alcalde comparte con niños deportistas, visita familias vulnerables o supervisa trabajos comunitarios, no necesariamente está “actuando”, está ejerciendo liderazgo territorial y presencia institucional. Y es lo que hace Dio Astacio.

Santo Domingo Este se ha convertido en el espejo de una realidad política más profunda: el cambio verdadero no solo enfrenta dificultades administrativas y económicas; también enfrenta resistencia emocional, intereses afectados y campañas sistemáticas para minimizar cualquier avance.

Y  ahí radica la verdadera razón del debate actual: no es solamente una discusión sobre una gestión municipal, sino sobre el choque entre una cultura acostumbrada a la política de la corrupción, ineficiencia y opacidad y otra –como la actual- que intenta demostrar que sí es posible producir resultados satisfactorios.