El mercado inmobiliario de la República Dominicana está entrando en una nueva
etapa.


APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -Una etapa donde la transparencia, la regulación y la profesionalización comienzan
a ocupar el lugar que durante años muchos hemos reclamado para fortalecer el
sector.


La reciente aprobación en primera lectura por parte del Senado del proyecto de ley
contra la publicidad engañosa en el sector inmobiliario representa un paso
importante y necesario para proteger tanto a los inversionistas como a los
compradores de viviendas en nuestro país.


Durante mucho tiempo, el crecimiento acelerado del mercado inmobiliario ha
traído consigo grandes oportunidades, pero también situaciones preocupantes.


Promesas incumplidas, ofertas irreales, proyectos sin respaldo legal y publicidad
engañosa han generado desconfianza y pérdidas económicas para muchas
familias.


Esta nueva iniciativa legislativa busca precisamente poner orden. La ley establece
que toda promoción inmobiliaria deberá manejarse bajo principios de ética,
transparencia y responsabilidad, evitando mensajes que puedan inducir a error
sobre precios, disponibilidad, condiciones de venta o tiempos de entrega.


Las sanciones contempladas son serias y necesarias. Multas de hasta 50 salarios
mínimos, suspensión de licencias y limitaciones operativas para agentes y
promotores que incumplan, envían una señal clara de que el mercado necesita
mayor control y responsabilidad.


El hecho de que el Ministerio de la Vivienda, Hábitat y Edificaciones (MIVHED) sea
el órgano regulador también aporta institucionalidad y confianza, permitiendo que
exista una supervisión formal sobre una actividad que mueve miles de millones de
pesos cada año.


Pero esta ley no debe verse de manera aislada. Existe otro proyecto igualmente
importante que busca exigir licencias obligatorias para ejercer como agente
inmobiliario en la República Dominicana, algo que por años ha sido una necesidad
evidente dentro del sector.


Hoy cualquier persona puede presentarse como agente inmobiliario sin la
preparación adecuada, sin conocimiento legal, sin responsabilidad profesional y,
en muchos casos, sin ningún tipo de respaldo. Esa informalidad ha sido una de las

principales causas de conflictos y malas experiencias para compradores e
inversionistas.


La exigencia de una licencia profesional no debe verse como una barrera, sino
como una garantía de calidad. Significa elevar el nivel del servicio, proteger al
consumidor y dignificar una profesión que tiene un enorme impacto en la vida
patrimonial de las personas.


No se trata solo de vender propiedades. Se trata de orientar correctamente,
manejar inversiones importantes y acompañar decisiones que muchas veces
representan el esfuerzo de toda una vida. Eso exige preparación, ética y
responsabilidad.


Ambas iniciativas, tanto la regulación de la publicidad engañosa como la licencia
obligatoria para agentes inmobiliarios, forman parte de una transformación positiva
que el sector necesita para seguir creciendo de manera sostenible.


Esto también fortalece la imagen de la República Dominicana frente a
inversionistas extranjeros, especialmente en mercados como Estados Unidos,
Europa y América Latina, donde la confianza institucional es determinante al
momento de invertir.


Zonas como Punta Cana, Santo Domingo, Santiago y otras regiones turísticas
seguirán atrayendo capital nacional e internacional, pero ese crecimiento debe
estar acompañado de reglas claras que protejan al comprador y premien la
formalidad.


Los proyectos serios, estructurados y transparentes no tienen nada que temer de
estas regulaciones. Al contrario, serán los principales beneficiados, porque el
mercado comenzará a diferenciar con mayor claridad entre lo profesional y lo
improvisado.


Durante años hemos hablado de la necesidad de ordenar el sector inmobiliario
dominicano. Hoy estamos viendo pasos concretos hacia esa dirección. Y eso no
solo beneficia al mercado, beneficia al país.


Porque cuando existe transparencia, confianza y profesionalización, gana el
inversionista, gana el comprador y gana toda la República Dominicana.