APUNTE.COM.DO, Madrid.- Agapito tenía 48 años cuando ingresó en un hospital público de Galicia por una pancreatitis y, ya en planta, le inyectaron un medicamento, presuntamente metamizol, cuya marca comercial es Nolotil, al que es alérgico, y sufrió un shock anafiláctico y una parada cardiorrespiratoria que le dejó tetrapléjico y con una discapacidad del 100 %.
Su hijo, Francisco Daniel, denuncia que su padre es víctima de una «negligencia» médica cometida en el hospital Montecelo, en Pontevedra, puesto que la alergia figuraba en su historia médica, y reclama 1,4 millones de euros a la aseguradora del Servicio Gallego de Salud (Sergas), la compañía Relyens, a través de una demanda civil con la que busca costear las terapias que Agapito necesitará de por vida.
Shock anafiláctico
Esta demanda, que han presentado las abogadas Isabel Bonilla y Clara Lozano, del despacho Bley Abogados, experto en negligencias, repasa lo sufrido por Agapito desde el 15 de julio de 2024, cuando tras inyectarle una enfermera un analgésico sufrió un shock anafiláctico y entró en parada cardiorrespiratoria, tras la que sufrió un daño cerebral severo.
Ahora solo puede mover los ojos y la boca, sin poder articular palabra ni expresar malestar, y se alimenta a través de una sonda gástrica.
El hijo de Agapito ha reunido los informes y la historia médica en la que se explicitaba su alergia al metamizol, que ya le había provocado previamente otro shock, y ha presentado ante el juzgado de primera instancia de Madrid la hoja de administración de fármacos, donde aparece manuscrita y tachada la palabra metamizol, y los posteriores informes de la UCI en los que se hace referencia a una «posible administración accidental de metamizol».
La demanda considera «indubitado» el nexo causal entre la administración del fármaco y la reacción anafiláctica y así lo indican el informe de un perito aportado por esta parte.
La aseguradora no está de acuerdo
Nunca se sopesó otra causa para el shock, explica en conversación telefónica con EFE Francisco Daniel, que no recibió explicaciones de lo que le había sucedido a su padre y que ahora se enfrenta a las alegaciones de la aseguradora, que no debate la negligencia, pero sí la cuantía de la indemnización, que quieren reducir a 206.488 euros.
La demanda de Franciso Daniel se basa en informes y cálculos médicos sobre las necesidades que tendrá Agapito, para quien los profesionales consultados por la familia calculan una esperanza de vida de 26 años. La aseguradora reduce dicha expectativa a cinco años, aludiendo a una traqueotomía que este paciente ya no tiene, a infecciones recurrentes o enfermedades previas. «No fueron a valorar», indica el demandante.
«Quieren hacer ver que si no durase más de cinco años sería una manera de enriquecernos. Yo lo único que quiero es que mi padre tenga las terapias que necesita de por vida, que gane calidad de vida», explica Francisco Daniel, que costea la rehabilitación y los tratamientos adicionales de su padre, que está en una residencia que no se adapta a sus necesidades, después de que una fiebre le hiciese perder la plaza en una unidad de neuro rehabilitación.
Luchandopormilsonrisasdemipapa
Para atender a su padre ha lanzado una campaña de microfinanciación por redes sociales y cuenta los avances que experimenta Agapito a través de una cuenta de Instagram, luchandopormilsonrisasdemipapa.
Francisco Daniel confía en que se va a hacer justicia, porque, señala, «el propio Sergas reconoce lo sucedido», al tiempo que denuncia un «abandono social total» pues siente que a la hora de reclamar asistencia «se cierran todas las puertas» y es su padre quien lo sufre.
Reclama más concienciación, porque revisar las alergias de un paciente es básico y lo ocurrido les «destrozó la vida». Además, denuncia la ausencia de protocolos para personas con daño cerebral adquirido porque recalca que su padre ha experimentado avances con la terapia y ahora responde a estímulos.
Francisco Daniel, que visita a Agapito a diario y le lleva a sus nietas, una de ellas nacida durante su ingreso hospitalario, recuerda que antes de ingresar con pancreatitis su padre caminaba o jugaba con él al fútbol. Ahora, «comprende todo, pero no se puede comunicar ni mover las piernas ni los brazos», lo que hace la situación aún más dura.