“En economía, los grandes conflictos…terminan reflejándose en los precios que pagan las familias”. -John Maynard Keynes

 

APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha desencadenado lo que muchos expertos califican como el mayor shock petrolero de los últimos años. No estamos ante un episodio militar circunscrito al plano geopolítico, sino ante un acontecimiento con capacidad real de alterar el sistema energético, financiero y productivo global. Tampoco se trata simplemente de un fracaso diplomático que nunca tuvo verdadera posibilidad de prosperar.

En el momento en que preparamos esta entrega el crudo Brent, referencia internacional, se disparó más de 9 %, superando los 85 dólares por barril y alcanzando niveles no vistos desde enero de 2025. El West Texas Intermediate (WTI) aumentó alrededor de 7 %, situándose en torno a los 77 dólares. Esta variación no responde exclusivamente a la percepción de riesgo estructural ante la interrupción efectiva del tránsito en el estrecho de Ormuz, sino también a las amenazas sobre la infraestructura energética regional.

La zona afectada aporta cerca del 20 % del suministro mundial de petróleo y gas, y Ormuz constituye su punto más vulnerable. Si bien la notificación formal de cierre del estrecho todavía no tiene lugar, la dinámica operativa muestra señales claras de disrupción, como son la acumulación de petroleros, advertencias de seguridad, ataques reportados, amenazas de ataques y suspensión del tránsito por parte de las grandes navieras.


Hapag-Lloyd ha anunciado retrasos; CMA CGM suspendió operaciones por el canal de Suez; Nippon Yusen ordenó evitar Ormuz y Maersk redirige cargas por rutas más largas que rodean África. Cada uno de estos cambios incrementa costos logísticos y primas de seguro, presionando el comercio mundial.

El encarecimiento energético no se limita al petróleo. En Europa, el precio del gas superó los 700 dólares por 1,000 metros cúbicos luego de un aumento cercano al 32 % en un solo día. En el Reino Unido, el gas experimentó un alza de más de 90 % en una semana, alcanzando máximos de tres años. Con niveles de almacenamiento europeos por debajo del 31 %, el margen de maniobra es reducido si la crisis se prolonga.

Dadas las perspectivas de un petróleo rondando los 100 dólares, debemos esperar la reactivación de presiones inflacionarias globales justo cuando varias economías comenzaban a estabilizarse luego de ciclos de endurecimiento monetario. Los bancos centrales podrían verse obligados a mantener tasas elevadas por más tiempo, encareciendo el crédito y ralentizando el crecimiento en un contexto en que los mercados de riesgo muestran volatilidad creciente.

No olvidemos que Irán es un actor relevante en el mercado de fertilizantes; una interrupción sostenida elevaría los costos agrícolas y presionaría los precios de los alimentos. Al mismo tiempo, infraestructuras críticas en el Golfo, como las desalinizadoras, podrían convertirse en objetivos estratégicos, ampliando el impacto humanitario y económico.

Para República Dominicana, las implicaciones son directas. Un aumento sostenido del crudo eleva la factura energética, presiona la balanza de pagos y genera inflación importada en combustibles, electricidad, transporte y alimentos.

Con un presupuesto estructuralmente deficitario y un nivel de endeudamiento considerable y creciente, el espacio fiscal para absorber un shock externo es muy limitado.

Si la incertidumbre provoca volatilidad cambiaria o salida de capitales hacia activos refugio (oro, principalmente) podrían requerirse intervenciones más intensas o ajustes monetarios que encarezcan el crédito interno y afecten la actividad económica. Finalmente, una desaceleración en Estados Unidos o Europa —principales emisores de turismo y remesas— tendría efectos indirectos sobre el crecimiento nacional.

Como vemos, estamos ante una perturbación con capacidad de propagarse por múltiples canales: energía, logística, finanzas, agricultura y estabilidad fiscal. Para una economía abierta e importadora de energía como la dominicana, la prudencia estratégica no es retórica, sino necesidad inaplazable. Cuando el petróleo arde, la economía inevitablemente tiembla.