APUNTE.COM.DO, Barcelona.- La Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, que realiza seguimiento de más de 380 niños y adolescentes, ha incorporado este año un equipo de Medicina Física y Rehabilitación para integrar la prescripción de actividad física como parte del tratamiento.


De manera complementaria, aproximadamente el 15 % de los pacientes -principalmente a partir de los 12 años- reciben también un tratamiento farmacológico, que no sustituye la intervención nutricional, el deporte, ni el apoyo psicológico.


Así lo ha indicado este martes el jefe de la Unidad, el doctor Eduard Mogas, en una rueda de prensa en vísperas del Día Mundial de la Obesidad.


En la primera visita, ha explicado Mogas, se identifica si el paciente tiene sedentarismo o baja resistencia aeróbica y, en caso afirmativo, se deriva al nuevo equipo especializado en rehabilitación.


En las sesiones -que son por la tarde, para facilitar la conciliación con la escuela- realizan unos 35 minutos de trabajo cardiovascular, esfuerzo y de respiración.


El programa tiene una duración de tres meses y se desarrolla en grupos reducidos de siete menores, un entorno seguro, teniendo en cuenta que muchos llegan con inseguridades asociadas al deporte.


Es el caso de Juliette, una joven de 17 años que se ha reconciliado con el gimnasio y ha conseguido perder hasta 14 kilos desde que inició el tratamiento intensivo.


«Es bueno poder compartir con otras personas algo que para ti puede llegar a ser difícil», ha confesado.


Juliette sigue ahora por su cuenta con el ejercicio, a la vez que se orienta y hace seguimiento mediante la plataforma de telerrehabilitación del hospital.


«No nos enfocamos en el peso, sino en construir unos hábitos saludables y seguridad para introducir la actividad física en su día a día», ha apuntado la fisioterapeuta que trata a la paciente, Berta Canut.


Además de la movilidad, la unidad trabaja la nutrición y el acompañamiento psicológico para luchar contra el estigma y «desactivar la culpa».


Este abordaje clínico, asegura, ha permitido mejorar la adherencia de los pacientes en las 200 primeras visitas que han llevado a cabo este año, pasando de atender de 6 a 9 primeros casos semanales.


«Somos capaces de mejorar de manera significativa la calidad nutricional, y también la percepción de calidad de vida -que ha aumentado en un 10 %-, un avance clínico relevante», ha señalado Mogas.


A esto se suma, en menor medida, el tratamiento farmacológico, que puede suponer «un empujón» para los pacientes que presenten complicaciones metabólicas, físicas e incluso emocionales.


En cuanto a los fármacos disponibles, el doctor ha distinguido dos vías: la setmelanotida, para obesidades de base genética demostrada, y los agonistas del receptor del glucagón -como la semaglutida o la liraglutida, conocidos por marcas como Ozempic-, aprobados para adolescentes, que actúan sobre el tránsito digestivo y el metabolismo de la glucosa.


Sin embargo, Mogas ha advertido que estos tratamientos no están financiados por el sistema público, lo que supone una barrera para muchas familias, y que aún quedan incógnitas por resolver.
Vall d’Hebron participa en 15 ensayos clínicos internacionales con fármacos de nueva generación -uno de ellos en población pediátrica- para evaluar su eficacia a largo plazo, y prevé iniciar tres más. EFE