APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -El filósofo chino Confucio dejó una de las reflexiones más influyentes de la ética clásica: “Aquel que se exige mucho a sí mismo y espera poco de los demás, mantendrá lejos el resentimiento”. La frase, recogida en las Analectas, resume el núcleo de su pensamiento moral.
En un contexto de crisis política y conflictos entre estados en la antigua China, Confucio defendió que la transformación social debía comenzar por la conducta individual. Su ideal era el junzi, el hombre virtuoso que cultiva su carácter, actúa con rectitud y asume responsabilidad por sus propios actos.
La enseñanza se vincula a conceptos centrales como el ren (humanidad o benevolencia) y el li (normas y ritos que ordenan la vida social). Para el pensador, la armonía colectiva no surge de la imposición, sino del ejemplo moral.
Según esta visión, el resentimiento nace cuando se depositan en otros las propias frustraciones. En cambio, la autocrítica, la disciplina y la exigencia personal fortalecen el carácter y favorecen una convivencia más justa.
La influencia del confucianismo marcó durante siglos la educación, la política y la cultura de China y Asia oriental, consolidando la idea de que la formación ética es inseparable del buen gobierno y del equilibrio social.