APUNTE.COM.DO, Matanzas (Cuba).- La académica y disidente cubana Alina Bárbara López considera en una entrevista a EFE que su país precisa «acompañamiento internacional» para una transición política y económica, pero rechaza una intervención militar extranjera como la de Venezuela.
Esta historiadora, ensayista y editora argumenta que la isla, tras seis años de asfixiante crisis económica y las recientes amenazas estadounidenses sobre la mesa, se encuentra probablemente en «el peor momento» de su historia.
“Sí, se necesita por parte de la ciudadanía cubana un acompañamiento internacional, que no es lo mismo que una intervención”, matiza López, quien lamenta que no haya «conciencia internacional de qué es lo que está pasando» realmente en la isla.
A su juicio, el apoyo internacional en una hipotética transición en Cuba sería necesario porque la economía cubana «está absolutamente destruida». «Solo es comparable con lo que puede haber pasado en un país europeo durante la II Guerra Mundial», señala.
La académica y disidente cubana Alina Bárbara López habla en una entrevista con EFE, en Matanzas (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa
La intelectual estima que una intervención militar «no es factible y no es deseable». Duda además que sea «atractiva» para Estados Unidos, principalmente porque conllevaría una implicación financiera intensiva y a largo plazo. «El primero que saldría malparado sería el Gobierno de intervención», añade.
«Una intervención extranjera en Cuba (…) realmente no sería la solución del problema, sería quizá desatar la anarquía», argumenta López, quien se muestra convencida de que «el cambio tiene que venir de dentro, de la gente, de la participación, de la implicación,… desde fuera pueden sustituirnos una dictadura por otra», advierte.
Cuba estará «obligado a una transformación», pero sin intervención
López asume que en Estados como el cubano o el venezolano, con «un carácter tan represivo», haya parte de la población que piense que «una intervención extranjera pueda ser la solución» e incluso que «se alegre por la salida de (el presidente de Venezuela, Nicolás) Maduro».
«Es la manera que la gente siente a nivel psicológico una compensación, pero a nivel de solución de un problema no lo es», advierte.
En cuanto a la comunidad internacional, pide «presionar» para que «el Gobierno cubano respete los derechos humanos» y «deje de hacer las cosas tan aberrantes que están pasando al interior de este país». Aquí llama especialmente la atención a la Unión Europea (UE).
En su opinión, el Gobierno cubano va a «verse obligado» a alguna «transformación», «sencillamente porque desde el punto de vista económico el país no funciona».
La académica y disidente cubana Alina Bárbara López habla en una entrevista con EFE, en Matanzas (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa
La producción está paralizada, los apagones son constantes, la inflación ha destruido el poder adquisitivo de la población y el Estado -que ha impuesto un corralito- roza la descapitalización. Pero los problemas estructurales, argumenta la disidente, van más allá.
«Hoy yo no veo perspectiva ninguna. Desde el punto de vista económico, político, social, cultural, simbólico y geopolítico -en este caso para el Gobierno- es el peor momento de nuestra historia», subraya.
Oposición, entre la debilidad y la unidad
La intelectual afirma que Cuba está en «un punto muerto» en el que «el Gobierno no puede hacer nada más que resistir», pero considera que ahí la ciudadanía que desea «cambio» y la oposición deben «seguir insistiendo».
No obstante, ve limitaciones en la capacidad de acción de la disidencia. «El Gobierno es muy débil, pero nosotros no somos todavía suficientemente fuertes, eso es una realidad», reconoce.
Argumenta que «la represión inhibe la posibilidad de articulación» de la ciudadanía (de ahí la debilidad de la oposición en Cuba), pero cree que la sociedad civil cubana está «en un proceso de emergencia», especialmente patente en «las comunidades en el exterior» de la isla.
En su opinión, la oposición debe caminar hacia «un programa mínimo» con «puntos de coincidencia» y «convergencia», aunque las diferencias persistan en otros ámbitos. «Está claro que tiene que haber un horizonte común, un programa mínimo de acción», apostilla.
Desde la captura de Maduro, López percibe además en el país un recrudecimiento de la presión a la oposición mediante detenciones arbitrarias, cortes de las comunicaciones y comunicación de sentencias condenatorias.
«Siempre que ha habido una tensión interna en Cuba esto ha repercutido en un aumento de la represión interna», indica.
Cerrando el círculo, esta historiadora y disidente ve en la actualidad una paradoja que le recuerda a los años finales de la dictadura de Fulgencio Batista, justo antes del triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro en 1959.
«Muchas escuelas en el campo han sido convertidas en prisiones actualmente. Es muy paradójico que, cuando triunfa la revolución, los cuarteles se convierten en escuelas. Y ahora están convirtiendo escuelas abandonadas en prisiones, ¿qué quiere decir eso?», se pregunta.