APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -El refrán “Cría cuervos y te sacarán los ojos” sigue teniendo plena vigencia en la sociedad actual, donde la confianza mal depositada puede convertirse en una amarga experiencia de traición o ingratitud.
La expresión, de origen popular español, advierte sobre el riesgo de ayudar, formar o proteger a personas que no han cultivado valores éticos, y que luego devuelven el bien recibido con daño o desprecio.
Un dicho con raíces profundas
El escritor Miguel de Cervantes, en su obra Don Quijote de la Mancha, ya hacía alusión a la ingratitud humana como uno de los grandes males sociales, advirtiendo que “la ingratitud es hija de la soberbia”.
Para el filósofo Séneca, uno de los pensadores más citados sobre la moral, “quien olvida un favor recibido, pierde parte de su humanidad”. Esta idea conecta directamente con el espíritu del refrán.
La ingratitud en la vida cotidiana
En el ámbito laboral, expertos en comportamiento organizacional como Daniel Goleman han señalado que la falta de inteligencia emocional provoca rupturas de confianza entre mentores y colaboradores.
En la política, el fenómeno es recurrente. Analistas como Carlos María Sánchez sostienen que “muchas traiciones políticas nacen de ambiciones personales mal gestionadas y no de diferencias ideológicas reales”.
Familia, poder y decepción
En el entorno familiar, la psicóloga Silvia Álvarez explica que cuando la crianza no va acompañada de límites y valores, puede surgir una relación desequilibrada donde el agradecimiento desaparece.
“El afecto sin formación ética puede producir dependencia, no gratitud”, advierte la especialista.
Una reflexión necesaria
Para el periodista y abogado Ramiro Estrella, director ejecutivo de Apunte.com.do, este refrán debe leerse como una advertencia, no como una condena a la solidaridad.
“El problema no es ayudar, el problema es ayudar sin educar en valores. La confianza no puede ser ciega, porque incluso el bien mal administrado genera consecuencias negativas”, señala Estrella.
Mirada hacia el futuro
La enseñanza de este refrán cobra especial importancia en una sociedad donde las relaciones se vuelven cada vez más utilitarias y frágiles.
Formar ciudadanos con sentido de gratitud, responsabilidad y lealtad sigue siendo un desafío pendiente, tanto en el hogar como en las instituciones.
Porque, como recuerda la sabiduría popular, no todo el que recibe un favor aprende a honrarlo.