APUNTE.COM.DO, SANTODOMINGO. -Durante años, muchos dominicanos han soñado con tener su propia vivienda. Pero hay otro sueño, igual de profundo y muchas veces más íntimo: tener un pedacito de tierra propia, un lugar que conecte con nuestras raíces, nuestra historia y nuestro sentido de pertenencia.
Cada vez más personas, tanto dentro del país como dominicanos que viven en el exterior, están mirando hacia las zonas rurales cercanas a la capital y provincias como San Cristóbal, Peravia, Monte Plata, San José de Ocoa, Bonao y otras regiones como espacios llenos de oportunidades para invertir, construir y sembrar futuro.
Comprar un solar en estas zonas no es solo una decisión financiera. Es, ante todo, una decisión emocional y cultural. Significa saber que uno tiene un lugar propio en su país, un espacio donde puede regresar, construir, sembrar, compartir con la familia y sentirse verdaderamente dueño de una parte de su tierra.
Para el dominicano que vive fuera, esta idea cobra un valor aún más profundo. Tener un terreno en su país de origen es una forma de mantener viva la conexión con la patria, de sentir que, aunque esté lejos físicamente, sigue teniendo raíces firmes aquí. Es una manera de decir: “Yo sigo siendo parte de mi tierra”.
Además del componente emocional, está el aspecto práctico. Las zonas rurales cercanas al Gran Santo Domingo están experimentando un crecimiento progresivo. Lugares que antes parecían lejanos hoy están cada vez más conectados por nuevas vías, mejores accesos y mayor desarrollo. Eso convierte estos terrenos en una inversión inteligente con potencial de valorización a mediano y largo plazo.
Un solar puede servir para muchas cosas: construir una casa de campo, desarrollar un pequeño proyecto familiar, crear un retiro para los fines de semana, sembrar productos agrícolas, emprender un proyecto ecoturístico o simplemente conservarlo como patrimonio para las futuras generaciones.
Hay algo profundamente valioso en saber que nuestros hijos y nietos tendrán un lugar que les pertenezca, un espacio donde puedan reencontrarse con sus raíces, donde entiendan de dónde vienen y por qué su identidad tiene tanto valor.
El acceso a terrenos en provincias cercanas a la capital permite que esta aspiración no sea un privilegio de unos pocos, sino una oportunidad real para muchas familias. Hoy existen opciones accesibles que permiten adquirir tierra sin necesidad de grandes fortunas, siempre que se haga con orientación adecuada y seguridad legal.
Por supuesto, es importante comprar con responsabilidad, verificar la documentación, asegurarse de la legalidad del terreno y recibir asesoría profesional. La tierra es una inversión noble, pero debe hacerse con prudencia y conocimiento.
Más allá de los números, de la plusvalía y de la rentabilidad, adquirir un solar representa algo más profundo: la posibilidad de construir un legado. No solo bienes materiales, sino identidad, pertenencia y conexión con la tierra que nos vio nacer.
En tiempos donde muchos viven lejos de nuestro país por razones económicas o personales, tener un pedazo de República Dominicana al cual llamar propio se convierte en un ancla emocional, en un punto de regreso, en un símbolo de orgullo y de permanencia.
Por eso, invitar a las personas a mirar hacia estas oportunidades no es solo motivar una inversión. Es promover una forma de fortalecer el vínculo entre el dominicano y su tierra, entre la distancia y la pertenencia, entre el presente y el futuro.
Porque al final, quien tiene tierra en su país no solo posee un activo. Posee raíces, historia y futuro.