APUNTE.COM.DO, Santo Domingo. El economista y dirigente histórico del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Juan Temístocles Montás, ofreció una evaluación crítica sobre la evolución de la relación política entre los expresidentes Leonel Fernández y Danilo Medina, señalando que las diferencias internas y la concentración del poder terminaron debilitando la cohesión del partido.

Durante una entrevista en el programa sabatino del periodista Pablo McKinney, Montás recordó que, en los primeros años, existió una cooperación estrecha entre ambos líderes y otros cuadros del PLD, lo que permitió impulsar importantes proyectos de infraestructura, estabilidad económica y programas sociales.

“Hubo una etapa de trabajo conjunto y planificación clara, con equipos técnicos y metas definidas”, explicó. Sin embargo, con el tiempo, según Montás, el ejercicio del poder fue alejándose del espíritu colectivo que caracterizó los inicios del partido.

El exfuncionario afirmó que la centralización de decisiones, los nombramientos basados en lealtades personales y la reducción de los espacios de debate interno provocaron tensiones que fragmentaron la unidad del PLD. “No se trató de un hecho aislado, sino de una acumulación de prácticas que generaron desconfianza y competencia interna”, sostuvo.

Montás recordó que, en los años previos a la llegada de Leonel Fernández a la Presidencia, existían debates sobre quién debía ser el candidato del partido, ya que tanto Fernández como Danilo Medina contaban con respaldo dentro de la organización, aunque Medina tenía una relación más directa con las bases en ese momento.

Con el paso de los años, explicó, las diferencias se profundizaron, influyendo en la selección de funcionarios, el manejo de los recursos públicos y las decisiones estratégicas del partido. A su juicio, el uso del poder con fines clientelares afectó la credibilidad interna y la imagen pública del PLD.

“El partido logró grandes obras, pero también permitió prácticas que deterioraron la percepción de transparencia y eficiencia”, expresó Montás, al tiempo que señaló que las disputas por candidaturas y las diferencias en las prioridades presupuestarias debilitaron la capacidad del PLD para impulsar reformas estructurales.

A pesar de las críticas, reconoció los logros alcanzados durante el período 1996-2000, cuando la coordinación entre los líderes permitió avances en infraestructura, estabilidad macroeconómica y políticas sociales. “Ese legado existe y fue producto del trabajo colectivo”, afirmó.

No obstante, advirtió que la falta de institucionalidad y autocrítica afectó no solo al partido, sino también a la gobernabilidad del país. “Cuando una organización política pierde sus mecanismos internos, se debilita la capacidad de diseñar políticas públicas sostenibles”, señaló.

Economía y política exterior ante el escenario internacional

Montás también abordó los retos económicos de la República Dominicana en el contexto del nuevo panorama internacional, marcado por políticas proteccionistas y cambios en la geopolítica global.

Reconoció que el país ha mantenido un crecimiento económico superior al promedio regional, impulsado por el turismo, las zonas francas, la construcción y las remesas. Sin embargo, advirtió que ese crecimiento no ha ido acompañado de una transformación productiva profunda.

“Crecimos, pero no nos desarrollamos lo suficiente”, afirmó, señalando problemas como el déficit fiscal, el aumento de la deuda pública y la alta informalidad laboral.

El economista insistió en la necesidad de una reforma tributaria progresiva, una mejor orientación del gasto público hacia la inversión productiva y una diplomacia económica más activa. “No basta con esperar inversión; hay que crear condiciones estables y alianzas estratégicas”, dijo.

Entre sus propuestas figuran el fortalecimiento de la integración regional, la diversificación de relaciones comerciales, la inversión en capital humano y el refuerzo de los mecanismos de transparencia y control institucional.

Finalmente, hizo un llamado a un consenso político y social que permita implementar reformas sostenibles. “Los cambios duraderos requieren acuerdos que vayan más allá de los ciclos electorales”, concluyó.