Es pleno verano. Subimos al auto, el sol abrasa el tablero, y ahí, sobre los portavasos delanteros, una botellita de agua medio vacía. Nos tienta. Nos parece salvación. Puede ser todo lo contrario.

 

APUNTE.COM.DO Santo Domingo -Cada vez son más los estudios que advierten sobre los riesgos de beber agua de botellas plásticas que han sido expuestas al calor. El auto, convertido en invernadero móvil, no solo concentra la radiación solar y eleva la temperatura interior muy por encima de la del aire exterior, sino que también acelera reacciones químicas indeseadas y propicia la proliferación microbiana.

Una de las principales preocupaciones es la contaminación bacteriana. Si la botella ya fue abierta, incluso con un solo sorbo, pueden introducirse bacterias provenientes de la boca, las manos o el entorno. En condiciones cálidas, esas bacterias, entre ellas, el peligroso Staphylococcus aureus, pueden multiplicarse en pocas horas y convertir lo que parecía una bebida segura en una fuente potencial de enfermedad.

Pero el problema no termina ahí. Los químicos del propio envase también entran en juego. La mayoría de las botellas desechables están hechas de tereftalato de polietileno (PET), un tipo de plástico que, bajo el efecto del calor y la luz UV, puede liberar compuestos como bisfenol A (BPA) y ftalatos, ambos señalados como disruptores endocrinos.

Estos afectan el equilibrio hormonal del cuerpo y han sido asociados a problemas crónicos como alergias, asma y diabetes tipo 2. Aunque algunas agencias reguladoras insisten en su inocuidad en pequeñas cantidades, la ciencia más independiente cuestiona esa tranquilidad.

A esto se suma la creciente evidencia sobre los microplásticos. Pequeñas partículas invisibles a simple vista, producto de la degradación del plástico por acción del calor y los rayos solares. Estudios recientes encontraron microplásticos en el 93 % del agua embotellada analizada a nivel global, y autopsias de 2025 revelan su presencia en órganos humanos como riñones, hígado y cerebro.

No sabemos aún del todo qué provocan, pero sí sabemos que están quedándose en nosotros.

Frente a esta realidad, lo sensato no es el alarmismo, sino la precaución informada. Los expertos sugieren optar por botellas reutilizables de acero inoxidable o vidrio. Incluso los plásticos más resistentes, como el polipropileno, no están exentos de desgaste.  Si ya abriste la botella y la dejaste al calor, lo mejor es no arriesgarse: deséchala.

A veces, los peligros más inmediatos no vienen con sirenas ni advertencias visibles. Basta una botellita olvidada al sol para recordarnos que incluso lo más cotidiano, una simple acción como beber agua, puede volverse riesgoso cuando ignoramos las señales del conocimiento científico. Cuidarse también es un acto de compromiso con la verdad y con la vida.