Por Ramiro Estrella, Director Ejecutivo de Apunte.com.do
APUNTE.COM.DO.-SANTO DOMINGO,REPUBLICA DOMINICANA.-En un mundo cada vez más conectado por la tecnología, paradójicamente, millones de personas se enfrentan al vacío más doloroso: la soledad. No se trata solo de estar físicamente solo, sino de esa profunda sensación de desconexión emocional que consume en silencio. Una especie de vacío existencial que no respeta edad, nivel social, ni fronteras.
La soledad, aunque silenciosa, es tan real como cualquier enfermedad. Y lo peor: suele ser ignorada. Nadie muere oficialmente de soledad, pero sus efectos son devastadores y acumulativos. Estudios médicos han equiparado sus consecuencias a las del tabaquismo o la obesidad. Aumenta el riesgo de depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo. Afecta tanto el cuerpo como la mente. El alma queda atrapada en un laberinto sin salida.
Los adultos mayores son sus principales víctimas. Muchos han visto partir a sus seres queridos, sus hijos ya no están, los amigos se han ido o han fallecido. Se quedan rodeados de paredes y recuerdos, mirando fotos que ya no hablan y esperando llamadas que no llegan. Pero no son los únicos. Jóvenes inmersos en redes sociales, saturados de likes pero hambrientos de afecto real, también conviven con la soledad disfrazada de vida moderna.
Y es que el ser humano fue creado para vivir en comunidad. Aun cuando muchos dicen preferir la independencia, lo cierto es que necesitamos sentirnos vistos, escuchados, comprendidos. La indiferencia, el aislamiento, la falta de vínculos verdaderos, nos roba humanidad. ¿De qué sirve un teléfono inteligente si nadie llama por cariño, sino por interés?
En República Dominicana, aunque somos un pueblo cálido y sociable por naturaleza, la soledad también se ha colado, sutil y cruel, en muchos hogares. Se esconde detrás de puertas cerradas, en apartamentos de la capital o en casas humildes del interior. Se oculta bajo sonrisas forzadas o frases como "estoy bien", que buscan no preocupar a nadie, cuando en realidad se está gritando por dentro.
Frente a esta realidad, no basta con soluciones médicas o terapias. Hace falta un cambio cultural, una revolución humana. Debemos rescatar el valor de la conversación, del abrazo, del tiempo compartido sin pantallas. Volver a visitar a nuestros mayores, a llamar a ese amigo que hace tiempo no vemos, a escuchar de verdad.
Como medio comprometido con lo social, desde Apunte.com.do hacemos un llamado a instituciones, familias y líderes comunitarios: que no haya un solo dominicano que se sienta olvidado. Que las políticas públicas incluyan espacios de encuentro, programas de acompañamiento y atención psicológica. Que el país que avanza en lo económico no retroceda en lo humano.
La soledad es insoportable, pero juntos podemos hacerla llevadera. Basta con mirar al otro, tender la mano, y decir: “Estoy aquí, no estás solo”.