Redacción Internacional.- Londres.- La vida de Camila ha sido una montaña rusa de emociones que la ha llevado a convertirse en la reina de los británicos, a pesar de haber sido percibida en su momento como "enemigo público" de la nación. Después de 16 años de matrimonio y otros muchos de idilio oculto con el ahora monarca Carlos III, Camila ha tenido que soportar el desprecio de la ciudadanía y de los tabloides patrios.
A pesar de los obstáculos, Camila ha ganado el respeto y la aceptación de la ciudadanía, algo que parecía imposible en su momento. Nacida en Londres, en el hospital King's College, en 1947, Camila tuvo una infancia privilegiada como hija del comandante Bruce Shand y de Rosalind Cubith, hija del III Barón Ashcombe.
Camila también posee una larga lista de títulos, entre ellos el ducal de Cornualles, el de duquesa de Rothesay y el de condesa de Chester. A pesar de que también le hubiera correspondido el de princesa de Gales, desde el palacio de Buckingham se decidió llamarle duquesa de Cornualles con tratamiento de Alteza Real, por respeto a la memoria de Diana.
Camila conoció a Carlos con 23 años durante un partido de polo, pero en aquel momento Carlos no vio en ella a su futura consorte. Camila se casó con Andrew Henry Parker Bowles y tuvo dos hijos, pero la relación entre Carlos y Camila perduró, sobreviviendo a varios escándalos, como el "Tampongate". Andrew Parker Bowles se divorció de ella en 1995 y, un año después, se deshacía también de forma oficial la unión entre Carlos y Diana, dando vía libre a la relación con Camila.
A pesar de la muerte de Lady Di en 1997, que sumió al país en un llanto colectivo y puso en evidencia la devoción de los británicos por la princesa muerta frente a la antipatía que suscitaba Camila, años de cuidadas campañas de imagen orquestadas desde la Casa Real británica han conseguido que Camila sea aceptada por la ciudadanía y por los hijos de Carlos y Lady Di, Enrique y Guillermo.
La pareja se casó en el Ayuntamiento de Windsor en 2005, después de tres décadas de romance y críticas, y ahora se convierten juntos en reyes de los británicos.