El temor ciudadano


La sociedad dominicana vive en los últimos tiempos, uno de los ciclos de mayor temor y, al parecer, nos han encerrado en el contexto ficticio de Cosas Añejas, la obra cumbre del ilustre periodista, escritor y humanista César Nicolás Penson.

Sobre todo, Drama Horrendo, Barriga Verde, La Muerte del Padre Canales y Las Vírgenes de Galindo, por citar cuatro de las interesantes historietas contenidas en la breve y sustanciosa obra, como un presagio de que en estos tiempos viviríamos sin garantía social, sin derecho a la vida, al tránsito, a la Justicia, al libre albedrío y a la destrucción maligna de la patria legada por Duarte, Mella, Sánchez y Luperón.

Los políticos se juegan el todo por el todo midiendo fuerzas sobre quien controla la cosa pública, mientas unos aprovechan el desconcierto para estafar a ahorrantes, embolsillarse los préstamos adquiridos, negociar con las fuerzas más oscuras del mundo, barrar los símbolos patrios, poner en manos de otros la soberanía y el derecho de las generaciones porvenir.

La mayor parte de los dominicanos han perdido el orgullo de pueblo probo, de ciudadano ejemplar y cambiado el fuerte valor de su honra, cuan Judas, por unas cuantas monedas o botellas en el Estado.

La vergüenza nos cobre el rostro, la injusticia es una hoguera de la moral y la flama de capotillo ya no brilla, porque el peso del escudo despojado, la biblia extinguida y silencio del grito, ya no producen la brisa que permitía con grandeza la bandera ondear.

Los hombres de las luces se han perdido, la izquierda ha quedado manca, el discurso murió en el sepelio y poco a poco nos obligan a pagar el dulce sonido de ser dominicanos, porque no hay Manolo, Hermanas Mirabal, Caamaño, Amaury ni Rubirosa Fermín.

Las Manaclas depredadas, Abril sin comandantes, 12 de enero mudado y Caracoles sin soldados. En fin, no nos dejan nada, menos aún, el derecho a ser libres y a pedir a los políticos que nos dejen vivir. ¿Hacia dónde nos llevan?

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