Redacción Internacional.- El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tiene los días contados en el cargo.

No se trata de que sea un gobernante bueno o malo. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no lo quiere, porque no representa los intereses de esa poderosa nación, y esa es una razón más que suficiente para ser echado del cargo, por las buenas o por las malas. 

Importa poco que cuente con el respaldo abrumador de una mayoría de venezolanos que permanecen en su Nación para defender su soberanía.

Los "dueños del Mundo", dicen que es un presidente malo, y que no debe seguir dirigiendo los destinos de esa nación sudamericana, pero su interés escondido debajo de las mangas, es el petróleo que tiene Venezuela, y que

Maduro siempre se la ha puesto difícil. No hay que ser un científico, ni tan inteligente para saberlo.

Cuando los Estados Unidos entienden que determinada figura de uno de sus países aliados no es de su utilidad, ni lo puede seguir manipulando, de inmediato "le encienden la greca" y le retiran su amistad, -si en realidad alguna vez se la tuvieron- para sacarlo del Poder. 

La historia siempre ha sido igual con quienes los han enfrentado, exceptuando raros casos de presidentes como Fidel Castro en Cuba, y sus sucesores en ese país caribeño.

Nicolás Maduro fue elegido por elecciones democráticas donde una mayoría de venezolanos se expresaron libremente a su favor en las urnas, pero eso les importa un comino a los "los amos y señores del Mundo". Dicen que se va, y punto.

Maduro no acepta las imposiciones de los Estados Unidos, porque ha demostrado ser un hombre de un gran coraje y valor, y sobretodo tener bien puesto sus cojones, pero los presidentes de esa Nación no le perdonan a nadie que le lleve la contraria, y cuando dejan de representar sus intereses, simplemente lo tiran a la basura, como algo inservible.

Quienes se revelan pueden terminar en un cementerio o en la cárcel, como ha ocurrido en numerosos casos, y el presidente venezolano, no sería la excepción a la regla, si no se somete a sus caprichos, y abandona el Poder en Venezuela.

Y lo peor de todo esto es que Maduro no cuenta con el apoyo de naciones que estarían en disposición de darle las manos amiga, por su condescendencia de ofrecerle facilidad con el llamado oro del petróleo, pero no se atreven a tomar esa decisión, ni siquiera hacerla de conocimiento público, porque saben que los gringos tienen los juegos muy pesados y les cobrarían de mala manera una desobediencia.

Y peor, aun, Donald Trump no ha descartado una invasión militar de EEUU en Venezuela, porque su propósito final con Maduro, con razón o sin ella, sin importar las consecuencias, es sacarlo de la Presidencia de Venezuela, de éste continuar aferrado al cargo. 

Definitivamente, Maduro tiene una gran encrucijada, y en una situación en las que pocos de sus pares en la Región quisieran estar, porque EE.UU y Donald Trump le tienen "encendida la greca".