Desde la caída de la Unión Soviética, en Rusia creció un mercado negro millonario de servicios funerarios. (Getty)
Los servicios fúnebres en Rusia mueven, oficialmente, 58.000 millones de rublos (algo más de USD 1.000 millones). Pero a eso hay que agregarle una cuota de mercado mucho más grande, de entre 120.000 y 150.000 millones de rublos, que circulan en las sombras (USD 2.080 y USD 2.600 millones).
El negocio es tan redituable que en mayo de 2016 dos bandas de trabajadores del cementerio de Khovanskoye —el mayor de Europa, con casi 200 hectáreas— se enfrentaron con varas de hierro por su control. Hubo tres muertos, 26 heridos y 90 detenidos.
Tanto dinero negro circula en los servicios funerarios que dos bandas se enfrentaron por el control del cementerio de Khovanskoye en 2016. Hubo tres muertos.
The Economist ilustró el sistema de extorsión y sobornos con el caso de una mujer que tenía que enterrar a su abuela. Primero la llamaron para proponerle los servicios de una funeraria a USD 800 si pagaba en efectivo; en un cementerio en Moscú le ofrecieron una parcela con un descuento de USD 2.600 dólares si llevaba el dinero en menos de tres horas y firmaba un recibo por la mitad de lo que iba a pagar en realidad.
La mujer y su familia sabían que alimentaban una cadena de sobornos, pero no encontraron un camino para rebelarse: simplemente, no existen alternativas.
Todo está tarifado, incluida la inteligencia en morgues, hospitales y centrales de policía para conseguir clientes. (Getty)
"Enterrar a un ser querido en Rusia muchas veces implica ingresar a un submundo de corrupción y burocracia. La miríada de bienes y servicios que se necesitan", explicó la revista británica, "representan oportunidades de extorsión en un mercado ampliamente informal".
Todo el sistema está lleno de agentes oscuros. Operadores que compran información sobre las muertes recientes, a razón de USD 350 por fallecido, en las morgues, las estaciones de policía y los hospitales; intermediarios en la tramitación de documentos imposibles; pequeños shoppings de ataúdes y arreglos. En esa selva, muchas veces los precios los dicta la impresión la cara del cliente causa a los agentes.
Según el antropólogo Sergei Mokhov, una razón económica podría hacer que el estado interviniera en la red. "Antes, cuando había mucho dinero del petróleo, nadie se quería tomar la molestia de meterse con los funerales malolientes", dijo a The Economist. Pero ahora que el gobierno quiere participar de la gran tajada del mercado que se mantiene en negro, eso puede cambiar.
Las personas pagan sobornos para enterrar a sus seres queridos, porque no encuentran alternativa.(Getty)
En tiempos de los zares estos ritos eran asunto de la iglesia ortodoxa; en tiempos de los bolcheviques, todos los ciudadanos tenían un servicio básico. Tras la caída de la Unión Soviética, según Vladimir Panin, director de una de las empresas funerarias más antiguas de Moscú, STIKS-S, el sector cayó en "un bandolerismo absoluto".
Su empresa, antiguamente estatal, se convirtió en privada como otras 20, con una "licencia" informal del 5%, que les permitía también tener oficinas en hospitales y morgues. Todo marchaba sin novedades hasta que la trifulca en el cementerio de Khovanskoye hizo que las autoridades intervinieran.
Umer, la app que intenta abrirse paso en el corrupto mercado fúnebre ruso, a la que llaman “el Uber de los muertos”.
Como consecuencia, se asoman nuevos actores: el ex banquero Oleg Shelyagov lanzó Ritual.ru, un proveedor de servicios fúnebres con dos aplicaciones. Una de ellas apodada "el Uber de los muertos", Umer, para evitar el circuito criminal de la compra de inteligencia sobre defunciones; la otra es un catálogo de materiales.
También surgió Agente honesto, que utiliza drones para cartografiar los cementerios, ya que prácticamente no existen registros que permitan encontrar un espacio.
Sin embargo, la estatal GBU Ritual se resiste a perder su espacio. Panin sintetizó a The Economist: "En los '80s y los '90s había bandidos, pero ahora hay estructuras estatales".