(CNN Español) - Su amplia sonrisa, sus pulseras de cuero y sus excentricidades, como tomarse una foto todos los dÃas -desde que era joven- hacÃan parte de la vida del gran artista, José Luis Cuevas.
Ahora que Cuevas se ha ido quise escribir sobre mis vivencias con este famoso artista:
El estudio
Para hablar de arte, ese que lo acompañó toda su vida, como dibujante y escultor, a Cuevas le gustaba charlar en el segundo piso de su casa en el Pedregal de San Ãngel, al sur de la Ciudad de México.
La cama roja
Al subir al gran salón, sorprendÃa una enorme cama cubierta con una llamativa colcha roja.
Era algo inesperado en ese escenario de caballetes, pinceles y cuadros.
El inmenso mueble se hacÃa inmediatamente protagonista del singular estudio... y según Cuevas lo habÃa sido de otras muchas historias.
El danzón
En una de esas sabrosas charlas, Cuevas me compartió su pasión por el "Danzón".
Nunca lo vi bailarlo, pero debió hacerlo muy bien, porque me dijo que el "Salón México" (escenario de varias pelÃculas mexicanas y lugar de baile capitalino) le habÃa otorgado el "Califa de Oro", máximo galardón para quien se entregaba en cuerpo y alma en su arrabalera pista. Para José Luis, era un verdadero orgullo contar con ese premio.
La Zona Rosa
Cuevas afirmaba que fue él quien bautizó a una área de la capital mexicana, reconocida como punto de interés turÃstico y por su intensa vida nocturna.
Ese nombre la catapultó a la fama internacional, me refiero a "La Zona Rosa".
San Angel
José Luis Cuevas, siempre estaba dispuesto para la charla, en el comedor de su casa de San Ãngel, era común encontrarse con muchos famosos compartiendo, mientras los chispeantes ojos de Cuevas parecÃan reÃrse de todo, tenÃa un picardÃa aderezada con una fina ironÃa.
Siempre disfrutó la vida, era absolutamente irreverente, emanaba libertad y enaltecÃa al erotismo.
Cuevas y Ramos (Crédito: Archivo particular)
Sin pudor alguno, se decÃa un amante excepcional.
Bertha
La última vez que hablé con él, fue la única que lo sentà diferente, habÃa muerto su musa, la madre de sus tres hijas, su esposa, su cómplice. Su amada Bertha.
Posteriormente el maestro volvió a casarse.
La muerte
Entre sus muchas ideas extravagantes, un dÃa quiso meterse dentro de un ataúd, cerrar los ojos y fotografiarse...para saber...cómo era morirse.